SANTO DOMINGO.– La frecuencia con que una persona necesita lavarse el cabello no depende de una regla idéntica para todos. La producción de grasa, la textura capilar, el ejercicio y los productos utilizados modifican las necesidades de limpieza.
La Academia Estadounidense de Dermatología explica que el cabello fino y liso, acompañado de un cuero cabelludo graso, puede necesitar champú con más frecuencia. Los cabellos secos, gruesos, rizados o muy texturizados suelen requerir otra rutina para conservar su humedad.
Cómo usar champú y acondicionador
Durante el lavado, el champú debe concentrarse principalmente en el cuero cabelludo, donde se acumulan grasa, sudor y residuos. Frotar de manera agresiva toda la longitud del cabello puede aumentar la resequedad y favorecer el daño de las puntas.
El acondicionador facilita el desenredado y puede reducir la fricción entre las hebras. Su aplicación debe adaptarse a las características del pelo: algunas personas prefieren usarlo en las puntas, mientras otras necesitan distribuirlo por toda la longitud.
El calor y las señales de alerta
El uso frecuente de planchas y secadores a temperaturas elevadas puede deteriorar el cabello. Es recomendable limitar el calor excesivo, evitar los tirones y utilizar peines apropiados. Al secarlo con una toalla, conviene absorber el agua con suavidad en lugar de frotar con fuerza.
Si aparecen picazón persistente, descamación importante, heridas o pérdida de cabello inusual, cambiar de champú puede no ser suficiente. La evaluación de un dermatólogo permite determinar si existe una condición que requiere tratamiento.
Fuente de referencia: Academia Estadounidense de Dermatología.




