Por Osvaldo Reyes
El debate en torno a la tendencia “therian” refleja un choque generacional y cultural amplificado por las redes sociales.
Mientras algunos lo ven como una expresión alternativa de identidad, otros lo interpretan como un síntoma de fragilidades emocionales más profundas.
Más allá de posturas radicales, el enfoque debe centrarse en la evidencia científica y en el acompañamiento oportuno. La adolescencia es una etapa de exploración, pero también de vulnerabilidad.
La discusión no debería reducirse a burlas ni a alarmismos. El reto está en discernir cuándo se trata de una subcultura digital pasajera y cuándo puede existir un trastorno que requiera atención clínica.
La clave está en el equilibrio: escuchar sin estigmatizar, pero intervenir cuando la salud mental esté en riesgo.