Por: Osvaldo Reyes
Las encuestas tienen una extraña manera de anunciar el futuro. No hacen ruido, no levantan banderas ni llenan plazas, pero cuando comienzan a repetirse en los pasillos del poder terminan convirtiéndose en el murmullo que todos escuchan.
Y ese murmullo hoy dice que la competencia interna del Partido Revolucionario Moderno (PRM) ya no tiene un solo protagonista.
David Collado sigue al frente.
Conserva la ventaja que durante meses pareció inalcanzable. Sin embargo, las distancias en política rara vez son eternas. Carolina Mejía ha comenzado a caminar sobre ese terreno con paso firme, reduciendo la diferencia y recordando una vieja lección de la democracia: ninguna ventaja está escrita en piedra.
Quizás la explicación sea tan simple como poderosa.
Carolina entendió que las campañas no siempre comienzan cuando la ley lo permite, sino cuando el tiempo ofrece una oportunidad. Mientras otros permanecían atados a la prudencia que exige el ejercicio de funciones públicas, ella recorrió provincias, estrechó manos, escuchó comunidades y permitió que su proyecto respirara antes que el de sus competidores. En política, el calendario también vota.
Ahora el escenario cambia.
David Collado enfrenta un dilema que no admite muchas pausas. El Ministerio de Turismo le ha permitido construir una imagen de gestor eficiente y proyectar al país ante el mundo, pero la administración pública tiene horarios que la política desconoce.
Las calles tienen un ritmo distinto al de los despachos. Gobernar exige presencia; competir también.
No sería extraño que, después del 16 de agosto, decida dedicar mayor tiempo a fortalecer su proyecto político para impedir que esa brecha continúe estrechándose. Porque las encuestas no solo miden el presente; también advierten hacia dónde sopla el viento.
Pero reducir esta historia a un duelo entre dos figuras sería un error.
Toda elección interna es como un tablero de ajedrez donde muchas piezas parecen inmóviles hasta que, de repente, cambian el destino de la partida. Los demás aspirantes observan, calculan y esperan.
Llegará el momento en que cada uno deba decidir si libra su propia batalla hasta el final, si une fuerzas con alguno de los favoritos o si utiliza el peso de sus estructuras para negociar un lugar en el futuro.
En ocasiones, quienes no encabezan las encuestas terminan escribiendo el desenlace de la historia.
La política dominicana tiene memoria suficiente para recordar que las victorias no siempre pertenecen al que comienza adelante, sino al que sabe administrar el tiempo, interpretar el momento y comprender que el poder no es una fotografía, sino una corriente que nunca deja de moverse.
Por ahora, las cifras hablan en voz baja, pero el país ya empieza a escucharlas. Y mientras los nombres ocupan titulares, el verdadero protagonista sigue siendo el tiempo, ese estratega silencioso que, elección tras elección, termina inclinando la balanza hacia quien mejor entiende su lenguaje.




