Por Osvaldo Reyes
La renovación de las autoridades del Partido Revolucionario Moderno (PRM) no debe interpretarse únicamente como un cambio de nombres en su estructura dirigencial. Lo ocurrido este domingo envía una señal política mucho más importante: el partido gobernante ha comenzado formalmente a organizar la etapa posterior al liderazgo presidencial de Luis Abinader.
Las elecciones de 2028 todavía parecen lejanas, pero para el PRM la carrera ya comenzó.
Con José Ignacio Paliza cerrando un ciclo de ocho años al frente de la organización y la llegada de una nueva estructura de mando, el oficialismo intenta hacer algo que históricamente ha resultado complejo para los partidos dominicanos: administrar una sucesión presidencial sin fracturarse en el intento.
Ese será, probablemente, su mayor desafío.
El PRM entra en la era del relevo
Durante los últimos años, Luis Abinader ha sido el principal punto de equilibrio entre las distintas corrientes que conviven dentro del PRM. Su liderazgo presidencial ha permitido mantener bajo una misma sombrilla proyectos políticos, generaciones y aspiraciones diferentes.
Pero 2028 plantea un escenario distinto.
Abinader no podrá presentarse nuevamente como candidato presidencial y, por primera vez desde que el PRM alcanzó el poder en 2020, la organización tendrá que construir una candidatura sin tener al actual mandatario encabezando la boleta.
Eso cambia prácticamente todo.
Las aspiraciones que hasta ahora han podido convivir bajo la disciplina del Gobierno comenzarán inevitablemente a buscar espacio. El verdadero examen de unidad del PRM no será esta convención ni la presentación de una plancha consensuada; llegará cuando haya que escoger al candidato presidencial.
Una cosa es ponerse de acuerdo para distribuir posiciones internas y otra muy distinta definir quién encabezará una candidatura con posibilidades reales de ocupar el Palacio Nacional.
Juan Garrigó y el mensaje de renovación
La escogencia de Juan Garrigó Mejía como secretario general constituye uno de los movimientos que mejor simbolizan el cambio generacional dentro del partido.
Garrigó llega a una posición de enorme importancia organizativa siendo parte de una generación más joven y, al mismo tiempo, perteneciendo a una familia estrechamente vinculada con la historia política contemporánea: es hijo de Carolina Mejía y nieto del expresidente Hipólito Mejía.
Su elección, junto con otros movimientos dentro de la estructura, demuestra que el PRM intenta combinar renovación generacional, equilibrio entre grupos y continuidad política.
La designación de Gloria Reyes en la Secretaría Nacional de Organización también debe observarse bajo esa lógica. No se trata únicamente de ocupar cargos administrativos dentro del partido. Quienes controlen y conduzcan la maquinaria política durante los próximos dos años tendrán una influencia considerable en el proceso que desembocará en 2028.
El liderazgo de Abinader después de Abinader
Existe además una pregunta inevitable: ¿qué papel desempeñará Luis Abinader cuando llegue el momento de escoger a su sucesor?
Aunque constitucionalmente salga de la competencia presidencial, difícilmente desaparecerá del tablero político.
Su liderazgo dentro del PRM puede convertirse en el principal factor de equilibrio entre las distintas aspiraciones. Pero precisamente ahí estará una de las pruebas más delicadas.
Abinader tendrá que decidir hasta dónde ejercer influencia sin provocar la percepción de que existe un candidato oficial impuesto desde el poder.
Si logra convertirse en árbitro y garante de una competencia interna legítima, podría facilitar una transición ordenada. Si los sectores internos interpretan que la balanza está inclinada anticipadamente hacia determinada figura, las tensiones podrían crecer.
2028 no se ganará únicamente dentro del PRM
El partido oficialista tampoco puede cometer el error de concentrarse exclusivamente en su competencia interna.
La elección presidencial de 2028 dependerá, sobre todo, de cómo llegue el Gobierno a la recta final de su mandato.
Economía, costo de vida, seguridad ciudadana, servicios públicos, sistema eléctrico, salud, educación, institucionalidad y percepción sobre la corrupción tendrán probablemente mucho más peso entre los electores que cualquier acuerdo alcanzado dentro de una convención partidaria.
El PRM puede llegar unido a 2028 y aun así perder si una parte significativa de la población considera agotado su ciclo de gobierno.
De igual manera, podría enfrentar una primaria intensa y conservar posibilidades electorales si logra presentar resultados de gestión y posteriormente reunificarse alrededor del candidato seleccionado.
Por eso, el principal adversario del PRM rumbo a 2028 no necesariamente estará dentro de otro partido. También puede ser el desgaste natural que produce permanecer ocho años consecutivos en el poder.
La oposición también tendrá algo que decir
Sería prematuro analizar 2028 como si el PRM compitiera solo.
La Fuerza del Pueblo, el Partido de la Liberación Dominicana y cualquier otra fuerza capaz de articular una propuesta competitiva tendrán cuatro años para intentar capitalizar errores, desgaste y demandas insatisfechas.
La oposición también enfrenta sus propias preguntas sobre liderazgo, renovación y capacidad de construir mayorías.
Por eso, el escenario todavía está abierto.
Lo que sí resulta evidente es que la ausencia de Abinader como candidato modifica completamente la ecuación electoral. El oficialismo tendrá que demostrar si su fortaleza pertenece exclusivamente al liderazgo del actual presidente o si el PRM ha conseguido construir una identidad política suficientemente sólida para transferir respaldo electoral a otra figura.
El verdadero desafío empieza ahora
José Ignacio Paliza afirmó que entrega un partido unido. Esa unidad representa un activo importante, pero todavía debe superar su prueba más difícil.
El PRM deberá pasar de ser el partido de un presidente con dos victorias electorales consecutivas a convertirse en una organización capaz de producir una sucesión competitiva sin destruir su cohesión interna.
Las nuevas autoridades tendrán que administrar egos, proyectos presidenciales, estructuras territoriales y generaciones distintas, mientras intentan evitar que la lucha por la candidatura se convierta en una guerra interna.
La plancha única de este domingo puede proyectar consenso.
Pero 2028 no tendrá una plancha única para la Presidencia desde el comienzo.
Habrá aspiraciones, alianzas, movimientos, rupturas y negociaciones. Y probablemente allí conoceremos la verdadera fortaleza institucional del partido gobernante.
El PRM comienza una nueva etapa. Ya no se trata solamente de administrar el poder conquistado en 2020 y ratificado posteriormente.
Ahora deberá demostrar si sabe organizar la sucesión del poder.
Y en política, muchas veces, ganar una Presidencia resulta más sencillo que ponerse de acuerdo sobre quién debe heredarla.




