La República Dominicana quedó en medio de un tablero geopolítico donde cada decisión tiene costo. La reciente decisión de la República Dominicana de no permitir el repostaje de combustible a aviones rusos que se dirigían a Cuba para repatriar turistas, en medio de la grave crisis energética que atraviesa la isla, abre un debate profundo sobre el papel del país en el escenario regional.
Cuba enfrenta una de las peores crisis de suministro petrolero de los últimos años. La escasez de combustible ha afectado vuelos internacionales, el transporte interno y la generación eléctrica. En ese contexto, Rusia movilizó aeronaves para evacuar a sus ciudadanos ante la falta de garantías operativas en aeropuertos cubanos. La República Dominicana, que ha servido históricamente como hub estratégico del Caribe, optó por no facilitar el reabastecimiento de esas aeronaves. Una decisión que, aunque soberana, no puede analizarse aislada del complejo entramado geopolítico que involucra a Estados Unidos, Rusia y la región.
¿Prudencia diplomática o cálculo político?
Nuestro medio considera que la postura dominicana responde más a una estrategia de alineamiento geopolítico que a una limitación técnica o logística. El país sí ha permitido escalas técnicas a otras aerolíneas afectadas por la crisis en Cuba, lo que evidencia que la negativa a Rusia no fue por incapacidad operativa. Es evidente que cualquier movimiento que involucre apoyo logístico a operaciones rusas puede generar fricciones con Washington, principal socio comercial y estratégico de la República Dominicana. En ese sentido, la decisión puede interpretarse como una señal de cautela ante posibles repercusiones diplomáticas o económicas.
Sin embargo, también es válido cuestionar el mensaje regional que se proyecta.
El costo de la percepción
En el Caribe, donde los países comparten desafíos energéticos, migratorios y económicos, la cooperación suele ser un elemento clave de estabilidad. La negativa dominicana podría ser percibida como una falta de solidaridad en un momento crítico para un país vecino. Si bien la política exterior debe priorizar intereses nacionales, también debe considerar la construcción de relaciones multilaterales equilibradas. Las decisiones tomadas hoy pueden influir en futuras negociaciones energéticas, comerciales o turísticas.
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¿Qué gana y qué arriesga República Dominicana?
Gana: estabilidad en su relación con Estados Unidos y coherencia con su línea diplomática tradicional.
Arriesga: tensiones con Rusia y una percepción regional de alineamiento automático que podría limitar su margen de maniobra internacional.
La República Dominicana no es una potencia global, pero sí es un actor clave en el Caribe. Su rol como puente logístico y diplomático exige decisiones estratégicas, pero también visión de largo plazo.
Nuestra postura
Desde este medio entendemos que cada Estado ejerce su soberanía y toma decisiones en función de su interés nacional. No obstante, consideramos que el país debe comunicar con mayor claridad los fundamentos de sus determinaciones en escenarios de alta sensibilidad internacional. La transparencia fortalece la institucionalidad. La diplomacia inteligente construye respeto. La solidaridad regional también es una forma de liderazgo.