Al cocinar pollo, muchas personas se guían por el color de la carne o por la apariencia de los jugos. Aunque esas señales pueden orientar, no sustituyen una medición de la temperatura interna para comprobar que el alimento alcanzó un nivel seguro de cocción.
La guía de seguridad alimentaria FoodSafety.gov, del Gobierno de Estados Unidos, recomienda que todas las piezas de pollo, incluidos muslos, pechugas y alas, lleguen a 74 °C (165 °F) en su interior.
Cómo comprobar la temperatura del pollo
La forma más fiable es utilizar un termómetro para alimentos. Debe introducirse en la parte más gruesa de la pieza, evitando tocar el hueso, porque eso puede alterar la lectura.
La misma temperatura mínima de 74 °C aplica al pollo molido y al relleno cocinado dentro de un ave. No basta con que la superficie esté dorada: lo importante es verificar el centro del alimento.
La seguridad empieza antes de servir
También conviene separar los utensilios que estuvieron en contacto con el pollo crudo de los que se utilizan para servir comida lista. Para otros cuidados domésticos, Atardecer Digital publicó una nota sobre cómo prevenir quemaduras en la cocina.
La referencia para las temperaturas mínimas es la tabla oficial de FoodSafety.gov.




