Bajo la apariencia de dispositivos modernos, coloridos y aparentemente inofensivos, se esconde una realidad alarmante: una industria que ha decidido empaquetar la adicción con el sabor de la infancia.
Es imposible caminar por plazas, parques o las inmediaciones de centros educativos sin percibir aromas dulces y frutales que flotan en el aire. Para el transeúnte desprevenido es solo un olor agradable; para las familias y autoridades, debería ser una señal de alerta.
Lo que hoy se promociona en vitrinas iluminadas y redes sociales como una alternativa “moderna” se ha convertido en uno de los fenómenos de mayor impacto social en la juventud dominicana durante la última década: el vapeo.
Más que un hábito, un problema social
El impacto del vapeo trasciende las estadísticas sanitarias. Se trata de un fenómeno que incide directamente en la estructura familiar y, por extensión, en el tejido social. El hogar, llamado a ser espacio de formación en valores, enfrenta una normalización creciente del consumo.
El reconocido psiquiatra dominicano Antonio Zaglul advertía que “la familia es el termómetro de la salud de un pueblo”. Si esa premisa se mantiene vigente, el indicador actual resulta preocupante.
Cuando un adolescente inicia el consumo, no solo inhala aerosol con nicotina; incorpora una dependencia que puede alterar su conducta y su control de impulsos. Surgen el ocultamiento, la mentira y una ansiedad que muchas veces no saben gestionar. Se configura así un patrón que afecta la comunicación familiar y la estabilidad emocional.
Marketing atractivo, riesgos invisibles
La estrategia comercial ha sido eficaz: colores neón, sabores a golosinas y una narrativa que minimiza los riesgos. El producto deja de percibirse como una sustancia potencialmente dañina y se convierte en un accesorio de moda.
En ese contexto, la presión social ha posicionado el vapeo como símbolo de pertenencia en determinados círculos juveniles, desplazando actividades formativas como el deporte o el estudio. Diversos sectores han planteado la necesidad de revisar el marco regulatorio, considerando que muchos de estos dispositivos contienen nicotina y otras sustancias cuya exposición prolongada puede tener efectos adversos.
Rol del Estado y responsabilidad colectiva
La Constitución dominicana establece como finalidad esencial del Estado la protección efectiva de los derechos fundamentales y la dignidad humana. Bajo ese principio, la discusión sobre el vapeo no es únicamente sanitaria, sino también ética y social.
Expertos en salud pública han insistido en la importancia de políticas preventivas, regulación efectiva y campañas educativas dirigidas a adolescentes y padres. El desafío no recae exclusivamente en las familias, sino en una respuesta articulada entre Estado, centros educativos y sociedad civil.