Un animal pequeño, de cola larga y ojos brillantes se desplaza entre la leña apilada cerca de una cabaña patagónica. Su presencia suele pasar inadvertida, pero el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus) puede ser reservorio del hantavirus Andes.
Esta cepa es la única en el mundo con transmisión de persona a persona y posee una tasa de mortalidad que puede superar el 50%. La relevancia del virus ha crecido tras el reporte de casos graves y fallecimientos en el crucero MV Hondius. El Oligoryzomys longicaudatus es un roedor silvestre pequeño cuya cola supera la longitud de su cuerpo; posee pelaje pardo grisáceo y gran agilidad para moverse en suelos y arbustos.
Hábitat y riesgo de infección
El ratón colilargo no habita zonas urbanas, sino áreas rurales y periurbanas próximas a bosques andino-patagónicos. Según la bióloga Karina Hodara, puede instalarse cerca de viviendas en depósitos de leña o galpones buscando refugio. Investigaciones revelan que los roedores en ambientes peridomésticos tienen 2.44 veces más probabilidades de estar infectados que los que viven en zonas silvestres.
Transmisión y síntomas
La infección no requiere contacto directo; ocurre al inhalar partículas de heces, orina o saliva del roedor en espacios cerrados. El virus Andes se distingue por su capacidad de contagio interhumano mediante saliva o estornudos. Sus síntomas iniciales son similares a una gripe:
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Fiebre alta y dolores musculares.
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Cefalea y cansancio extremo.
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Progresión rápida a insuficiencia respiratoria grave.
Factores ambientales y prevención
La población de colilargos aumenta en primavera y verano, o durante la “ratada” (floración masiva de la caña colihue). La infectóloga Teresa Strella destaca que no existe vacuna ni tratamiento específico, por lo que la prevención es vital. Se recomienda ventilar espacios cerrados antes de entrar, no acumular leña cerca de las casas y evitar el contacto con rastros de roedores.








