Casi con amor, el científico brasileño Luciano Moreira sostiene una caja de vidrio donde se arremolinan mosquitos antidengue: una apuesta que ha resultado eficaz contra la enfermedad, pero que muestra sus límites para extenderse en Brasil.
Para que nadie descubra secretos del método, los asesores de Moreira piden no fotografiar equipos de esta biofábrica en Curitiba, en el sur de Brasil, donde funciona el mayor criadero de «wolbitos» del mundo. Así llama este reputado entomólogo a los Aedes aegypti inoculados con Wolbachia, una bacteria que les impide desarrollar dengue.
«Estamos en un momento decisivo para lograr expandirnos en Brasil», dice Moreira, reconocido por su trabajo en 2025 entre los diez científicos más destacados del mundo por la revista Nature y este año entre las 100 personas más influyentes de Time.
El método consiste en liberar «wolbitos» en zonas urbanas, donde en cuestión de meses sustituyen por transmisión generacional a los mosquitos que contagian dengue. Aunque la técnica funciona en 15 países, en ninguno protegió a tantas personas como en Brasil: un total de seis millones.
Cien millones de huevos semanales
La biofábrica se inauguró en 2025 con apoyo del instituto público Fiocruz y la ONG World Mosquito Program (WMP). En su sala de reproducción, la calefacción está regulada a gusto de los mosquitos, que se alimentan de sangre caliente de caballo y agua con azúcar.
Las hembras pueden dar cien millones de huevos por semana infectados con Wolbachia, que se transmite a las crías. En ciudades como Niterói y Campo Grande, los resultados fueron espectaculares, con caídas del dengue del 89% y 63%, respectivamente.
Desafíos de expansión
A pesar del éxito, la cura no avanza tan rápido como la enfermedad debido al cambio climático. «En el sur del país, que era mucho más frío, antes no había dengue y ahora sí», alerta Moreira.
Además, existen barreras logísticas y de coordinación. La bióloga Ludimila Raupp señala que en ciudades como Río de Janeiro hubo fallas institucionales y un uso excesivo de larvicidas que afectaron a los «wolbitos». La violencia del crimen organizado también ha complicado la implementación en algunas favelas.
El ministro de Salud, Alexandre Padilha, admite que la expansión enfrenta desafíos técnicos y financieros, pero asegura que para finales de 2026 el método se habrá implementado en un total de 70 municipios brasileños.








