El protector solar es una de las herramientas más importantes para reducir el daño que provoca la radiación ultravioleta sobre la piel. Sin embargo, elegir un envase con un número alto de protección no basta si el producto se aplica en poca cantidad o se utiliza una sola vez durante una jornada prolongada al aire libre.
La Academia Estadounidense de Dermatología recomienda escoger un protector de amplio espectro, capaz de proteger frente a los rayos UVA y UVB, con factor de protección solar (FPS) de 30 o superior y resistencia al agua cuando se prevé sudar o nadar. La etiqueta debe indicar esas características de forma clara.
El FPS se relaciona principalmente con la protección frente a las quemaduras causadas por la radiación UVB. No significa que un producto con FPS 50 permita pasar el doble de tiempo al sol que uno con FPS 25. Ningún protector bloquea por completo la radiación ni sustituye las demás medidas de prevención.
Para que funcione, debe extenderse de manera uniforme sobre las zonas de piel que quedan descubiertas, incluidas orejas, cuello, dorso de las manos y empeines cuando corresponda. Es frecuente olvidar esas áreas. La cantidad adecuada depende de la superficie corporal y del formato del producto; aplicar una capa demasiado fina reduce la protección real.
Durante las actividades al aire libre, la recomendación general es reaplicar el protector aproximadamente cada dos horas y también después de nadar, secarse con una toalla o sudar de manera intensa. Los productos resistentes al agua indican en la etiqueta cuánto tiempo conservan esa característica; ninguno es completamente impermeable.
Buscar sombra, usar sombrero de ala ancha, ropa que cubra la piel y gafas con protección ultravioleta son medidas complementarias. En el Caribe, donde la exposición solar puede ser intensa durante gran parte del año, estas precauciones tienen especial relevancia para quienes trabajan o practican deportes al aire libre.
Las personas con antecedentes de cáncer de piel, lesiones sospechosas, enfermedades que aumentan la sensibilidad solar o tratamientos fotosensibilizantes deben consultar con dermatología. La protección cotidiana es útil, pero no reemplaza la evaluación de manchas o heridas que cambian, sangran o no cicatrizan.




