Una buena higiene bucal depende más de la constancia y la técnica que de utilizar productos costosos. La Asociación Dental Americana recomienda cepillarse los dientes durante dos minutos, dos veces al día, con pasta dental que contenga flúor y un cepillo de cerdas suaves.
El cepillado debe alcanzar las superficies externas, internas y de masticación. Conviene colocar el cepillo suavemente junto al borde de las encías y realizar movimientos cortos, sin ejercer demasiada presión. Frotar con fuerza no limpia mejor y puede irritar las encías.
Las cerdas se desgastan con el uso. Por eso, la recomendación general es cambiar el cepillo manual o el cabezal eléctrico aproximadamente cada tres o cuatro meses, o antes si las cerdas se abren o deforman.
Limpiar entre los dientes una vez al día complementa el cepillado, porque las cerdas no alcanzan todas las superficies. El hilo dental o los cepillos interdentales pueden ser útiles según el espacio entre dientes y las indicaciones del odontólogo.
Después de usarlo, se aconseja enjuagar el cepillo con agua, mantenerlo en posición vertical y dejar que se seque al aire. Guardarlo permanentemente en un recipiente cerrado y húmedo no es lo ideal. Tampoco debe compartirse con otras personas.
El sangrado frecuente de las encías, el dolor, la sensibilidad persistente o el mal aliento que no mejora merecen una evaluación odontológica. Las revisiones profesionales ayudan a detectar problemas que no se resuelven solo con el cepillado.




