Por Osvaldo Reyes
El llamado fenómeno therian —jóvenes que se identifican internamente con un animal o “teriotipo”— ha ganado visibilidad en países como Argentina y Uruguay, impulsado por la viralización en plataformas como TikTok y YouTube. Lo que durante años permaneció en foros digitales minoritarios hoy ocupa plazas públicas, programas de televisión y tendencias en redes sociales.
Más allá de la sorpresa inicial o el tono burlesco que suele dominar la conversación pública, el fenómeno merece un análisis más profundo y menos reactivo. No se trata únicamente de adolescentes con máscaras de lobos o colas de zorro; estamos ante una manifestación contemporánea de identidad que encuentra en la cultura digital un terreno fértil para expandirse, legitimarse y multiplicarse.
¿Moda pasajera o síntoma generacional?
La adolescencia siempre ha sido una etapa de exploración identitaria. Cada generación ha tenido sus códigos, tribus urbanas y formas de diferenciación. La diferencia actual radica en el amplificador: las redes sociales convierten cualquier subcultura en fenómeno global en cuestión de semanas. El movimiento therian tiene raíces en foros de los años noventa y vínculos conceptuales con la cultura otherkin, pero su actual masificación responde a la lógica algorítmica.
Un video atractivo, una estética llamativa y una narrativa emocional pueden convertir una experiencia individual en tendencia regional. En este contexto, la identidad ya no solo se construye en el entorno inmediato, sino también frente a una audiencia digital. Sin embargo, el desafío no está en la estética —correr en cuatro patas o usar accesorios simbólicos—, sino en cómo se interpreta socialmente esa identificación.
El rol de los medios y la responsabilidad narrativa
La cobertura mediática ha oscilado entre la fascinación y la ridiculización. Ambos extremos resultan problemáticos. La estigmatización puede reforzar el aislamiento de los jóvenes involucrados, mientras que la romantización acrítica puede invisibilizar interrogantes legítimos sobre límites conductuales, salud mental y convivencia social. Casos polémicos, como incidentes de agresividad asociados al movimiento, han alimentado la controversia. Pero convertir episodios aislados en generalizaciones tampoco contribuye a un debate serio. El periodismo tiene el deber de contextualizar, consultar especialistas en psicología y desarrollo adolescente, y evitar titulares sensacionalistas que solo profundicen la polarización.
Identidad en la era de los algoritmos
El fenómeno therian también obliga a reflexionar sobre el papel de las plataformas digitales en la construcción de identidad. Algoritmos que premian lo disruptivo y comunidades virtuales que validan experiencias pueden reforzar narrativas personales hasta convertirlas en parte central del autoconcepto. Esto no significa invalidar la vivencia subjetiva de quienes se identifican como therians, sino entender que las dinámicas digitales influyen —y mucho— en cómo se consolidan ciertas expresiones culturales.
Un debate que recién comienza
El fenómeno no puede analizarse únicamente desde la burla ni desde la aprobación automática. Exige diálogo entre familias, educadores, psicólogos y comunicadores. La pregunta de fondo no es si un adolescente se siente lobo o zorro, sino qué necesidades emocionales, sociales o de pertenencia están detrás de esa afirmación. En una sociedad atravesada por la inmediatez tecnológica, los jóvenes buscan narrativas que les otorguen sentido. El reto colectivo está en acompañar esos procesos sin prejuicios, pero también sin renunciar al pensamiento crítico.