Estados Unidos entró la medianoche de este sábado en situación de parálisis presupuestaria, que se espera que esta vez dure poco, hasta una votación prevista el lunes en el Congreso. Este nuevo cierre parcial del gobierno se produce tres meses después del «shutdown» más largo de la historia del país norteamericano, ocurrido entre octubre y noviembre del año pasado.
Aunque el Senado estadounidense aprobó unas horas antes un proyecto presupuestario, aún está pendiente el visto bueno del texto en la Cámara de Representantes. Las consecuencias se esperan mínimas, ya que el bloqueo podría durar solo un fin de semana. Lo que retrasó el acuerdo fue la resistencia de la oposición demócrata a aprobar una partida para el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), tras la muerte a tiros de dos manifestantes durante operaciones antinmigración del gobierno de Donald Trump en Minesota.
El texto aprobado el viernes en el Senado con 71 votos a favor y 29 en contra es resultado de un acuerdo entre el magnate republicano y los senadores demócratas. La oposición aceptó aprobar cinco de los seis apartados del texto, mientras que la parte del DHS será objeto de nuevas negociaciones durante las próximas dos semanas. La Oficina de Presupuesto (OMB) de la Casa Blanca pidió poner en marcha los planes para un cierre, con la esperanza de que sea breve.
La muerte de Alex Pretti y Renee Good a manos de agentes federales en Mineápolis cambió el escenario político. El jefe de la minoría demócrata, Chuck Schumer, exigió «frenar a ICE y poner fin a la violencia», demandando prohibir el uso de pasamontañas por parte de los agentes. Debido a las normas del Senado, se necesitaban 60 votos para aprobar el proyecto. Aunque el «shutdown» ya entró en vigor, es poco probable que se repita la parálisis de 43 días vivida el año pasado por disputas sobre seguros de salud.








