Lavarse las manos con agua y jabón es una medida básica para reducir la transmisión de gérmenes. Cuando se usan anillos, es importante prestar atención a la piel que queda alrededor y debajo de las joyas.
La suciedad y la humedad pueden acumularse en espacios estrechos, especialmente si el anillo queda muy ajustado. Además, algunos metales o componentes pueden causar irritación en personas sensibles.
Cómo mantener una rutina cuidadosa
Durante el lavado, hay que frotar todas las superficies de las manos, incluidos los espacios entre los dedos, y enjuagar bien. Si un anillo impide limpiar la piel o retiene humedad, puede ser conveniente retirarlo temporalmente cuando sea posible.
Las joyas también deben limpiarse según su material, sin utilizar productos que puedan dañarlas. Si aparece enrojecimiento persistente debajo de un anillo, conviene dejar de usarlo y consultar si la molestia continúa.
Fuente de referencia: Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.




