Por la doctora Surelly María Tejada Disla
Cuando se habla de tuberculosis, la primera asociación suele hacerse con los pulmones. Sin embargo, esta enfermedad infecciosa causada por Mycobacterium tuberculosis también puede comprometer otros órganos y sistemas del cuerpo.
Una de esas manifestaciones es la tuberculosis pericárdica, una forma poco frecuente en la que la infección afecta el pericardio, la membrana que rodea el corazón, y puede provocar acumulación de líquido en esa zona.
Su diagnóstico puede representar un desafío debido a que los síntomas suelen ser inespecíficos y confundirse con otras enfermedades. Por esa razón, es necesario integrar la historia clínica, los antecedentes epidemiológicos, las imágenes y las pruebas microbiológicas.
El caso de un paciente de 25 años, atleta de alto rendimiento y sin antecedentes patológicos relevantes, muestra por qué debe mantenerse la sospecha clínica incluso cuando no existen lesiones pulmonares visibles.
El joven comenzó a presentar tos seca y dificultad progresiva para respirar, acompañadas de fiebre predominantemente vespertina, falta de apetito y una pérdida aproximada de cinco kilogramos en un mes.
En una persona físicamente activa, una reducción de la capacidad para ejercitarse puede tener distintas explicaciones. Sin embargo, cuando se combina con fiebre, pérdida de peso y otros síntomas generales, es necesario realizar una evaluación médica más amplia.
También existía un elemento epidemiológico que debía tomarse en cuenta: el paciente residía en una casa de entrenamiento junto a más de diez personas, una situación compatible con condiciones de hacinamiento y que podía aumentar la posibilidad de exposición a tuberculosis.
Los estudios de imágenes comenzaron a orientar el diagnóstico. La radiografía de tórax mostró un aumento de la silueta cardíaca y posteriormente una tomografía confirmó la presencia de un derrame pericárdico moderado.
Lo particular era que no se observaron lesiones pulmonares, a pesar de que existían síntomas compatibles con un proceso infeccioso.

No siempre hay lesiones en los pulmones
La ausencia de lesiones pulmonares visibles no descarta necesariamente una tuberculosis extrapulmonar.
En este paciente coincidían los síntomas constitucionales, el antecedente epidemiológico y la presencia de líquido alrededor del corazón. Además, una prueba QuantiFERON-TB Gold realizada previamente había resultado positiva.
El ecocardiograma confirmó el derrame pericárdico, con un espesor aproximado de 17 milímetros.
Ante ese escenario, era necesario determinar la causa del líquido acumulado alrededor del corazón. Para ello se realizó una pericardiocentesis, procedimiento mediante el cual se obtiene una muestra del líquido pericárdico para estudiarla.
El análisis mostró predominio de células linfocíticas y elevación de proteínas y lactato deshidrogenasa.
Estos resultados pueden encontrarse en pacientes con tuberculosis pericárdica, pero no bastan por sí solos para confirmar el diagnóstico, ya que también pueden aparecer en otras enfermedades.
La prueba molecular Xpert MTB/RIF detectó Mycobacterium tuberculosis y no mostró resistencia a la rifampicina, uno de los medicamentos utilizados contra la tuberculosis.
Ese hallazgo permitió establecer la causa de la infección y orientar el tratamiento.
Un diagnóstico que requiere varias evidencias
Uno de los principales problemas de la tuberculosis pericárdica es que puede comenzar con síntomas comunes a muchas otras condiciones.
Fiebre, tos, dificultad para respirar, pérdida de peso, falta de apetito y cansancio no son exclusivos de esta enfermedad. El diagnóstico, por tanto, no debe depender de un único síntoma ni de una sola prueba.
La combinación de antecedentes, síntomas, estudios de imágenes y pruebas microbiológicas es fundamental.
Cuando aparece un derrame pericárdico cuya causa no está clara, la tuberculosis debe formar parte de las posibilidades diagnósticas si existen antecedentes y manifestaciones compatibles, incluso en pacientes jóvenes o físicamente activos.
Las pruebas moleculares como Xpert MTB/RIF pueden ser de gran utilidad porque buscan material genético de Mycobacterium tuberculosis y también permiten identificar resistencia a la rifampicina.
Sin embargo, un resultado negativo no necesariamente excluye la enfermedad, especialmente en algunas formas extrapulmonares. Por eso, debe interpretarse junto con los demás hallazgos clínicos y epidemiológicos.
Evolución favorable tras el tratamiento
Una vez establecido el diagnóstico, el paciente inició tratamiento antituberculoso y seguimiento médico.
Tres meses después se encontraba sin síntomas, había recuperado peso y los estudios ecocardiográficos mostraban la resolución del derrame pericárdico.
La evolución favorable es importante durante el seguimiento, aunque no sustituye la necesidad de realizar un diagnóstico adecuado y de evaluar integralmente al paciente.
El caso demuestra que la tuberculosis no siempre se presenta de la forma más conocida.
Aunque el compromiso pulmonar es el más frecuente, la infección puede afectar otros órganos y manifestarse de manera menos evidente.
En una persona joven y deportista, síntomas persistentes como dificultad para respirar, fiebre, pérdida de peso o disminución inexplicada del rendimiento físico no deben atribuirse automáticamente al entrenamiento o a enfermedades respiratorias comunes.
Cuando además existe líquido alrededor del corazón, es necesario investigar cuidadosamente las posibles causas.
La tuberculosis pericárdica es poco frecuente, pero reconocer sus señales y utilizar adecuadamente las herramientas diagnósticas puede permitir iniciar el tratamiento a tiempo y reducir el riesgo de complicaciones.
La principal enseñanza es que la edad, una buena condición física o la ausencia de lesiones pulmonares no descartan una tuberculosis extrapulmonar cuando existen síntomas y antecedentes compatibles.




