WASHINGTON. – En una declaración que ha sacudido los cimientos de la diplomacia hemisférica, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este lunes que para él sería “un gran honor tomar Cuba”.
Las palabras del mandatario, emitidas desde la Casa Blanca, elevan a un nivel sin precedentes la tensión entre Washington y La Habana, en medio de un asfixiante bloqueo energético que mantiene a la isla en la oscuridad.
“Tomar Cuba de alguna forma, sí. Ya sea liberarla o tomarla. Podría hacer lo que quisiera con ella”, sentenció Trump ante la prensa.
El republicano, con su característico estilo directo, describió a la nación caribeña como una “nación fracasada” que carece de dinero y petróleo, aunque no escatimó en elogios para su valor geográfico: “Tienen buena tierra, paisajes bonitos… es una isla hermosa”.
El ultimátum de la Casa Blanca
La retórica de Trump no parece ser una frase aislada. En las últimas semanas, su Administración ha intensificado las amenazas, sugiriendo que el control de la isla podría ocurrir de forma “amistosa” u hostil.
Según el mandatario, el gobierno de Miguel Díaz-Canel “caerá muy pronto” debido a que el país se encuentra “en ruinas”, una situación acelerada por el bloqueo total al crudo impuesto por Washington en enero pasado.
Pese a la agresividad del discurso, Trump confirmó que existen conversaciones bajo la mesa con las autoridades cubanas.
Este dato fue validado recientemente por el propio Díaz-Canel, quien admitió la existencia de un diálogo para buscar soluciones a las diferencias bilaterales, rompiendo el hermetismo que la isla había mantenido hasta ahora.
Cuba en tinieblas: El factor del colapso energético
Mientras las declaraciones de Trump copan los titulares, la realidad en las calles de Cuba es crítica. La isla inició la semana con un nuevo apagón nacional, el sexto en apenas 18 meses.
La crisis energética, que se arrastra desde 2024, ha llegado a un punto de quiebre en el último trimestre.
El bloqueo petrolero estadounidense ha paralizado casi por completo la economía cubana, generando un malestar social que Washington parece estar utilizando como palanca de presión.
Para Trump, la falta de recursos básicos en la isla es la prueba final de que su estrategia de presión máxima está surtiendo efecto, mientras deja la puerta abierta a una intervención de naturaleza aún no definida.





