Santo Domingo.– Aunque todavía falta más de un año para las elecciones municipales de 2028, la carrera para incorporar nuevas organizaciones al sistema político dominicano ya comenzó.
Al menos tres proyectos de perfiles ideológicos y liderazgos muy diferentes trabajan para obtener el reconocimiento de la Junta Central Electoral (JCE): Dominicanos Primero, impulsado por el empresario y comunicador Santiago Matías “Alofoke”; Avancemos, encabezado por el exdirigente peledeísta Carlos Amarante Baret; y el Partido del Poder Popular (PPP), surgido de sectores tradicionales de la izquierda dominicana.
Los tres tienen un desafío común: completar los requisitos establecidos por la legislación electoral antes del plazo correspondiente para poder aspirar a participar en los comicios de 2028.
Uno de los obstáculos principales será demostrar ante la JCE que poseen una estructura política real y suficiente respaldo ciudadano.
Alofoke intenta convertir popularidad digital en estructura política
De los nuevos proyectos, Dominicanos Primero probablemente representa el experimento político más atípico.
Santiago Matías llega al proceso desde una posición diferente a la de los dirigentes políticos tradicionales: construyó su influencia principalmente a través de medios digitales, entretenimiento y redes sociales.
Después de semanas de especulaciones sobre una eventual candidatura presidencial por el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), Matías anunció el 22 de julio su intención de trabajar en la creación de su propia organización.
Durante agosto, el proyecto ha avanzado en elementos necesarios para su conformación, incluyendo identidad gráfica y estructura organizativa.
Dominicanos Primero se presenta como una organización orientada hacia una denominada “nueva derecha dominicana”, colocando entre sus ejes la soberanía, seguridad ciudadana, familia, crecimiento económico, libertad, fortalecimiento institucional y orden.
Pero la verdadera prueba para Matías será trasladar su enorme alcance en redes sociales hacia una estructura territorial y electoral verificable.
Tener millones de seguidores no sustituye las firmas, organismos internos, locales y demás condiciones que exige la legislación.
Amarante Baret apuesta por su experiencia política
El caso de Carlos Amarante Baret parte de una realidad completamente diferente.
El exministro y antiguo dirigente del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) intenta convertir su experiencia dentro de una de las principales organizaciones tradicionales en una nueva estructura denominada Avancemos.
Amarante informó que la organización ha avanzado con el depósito de documentos como sus estatutos, declaración de principios, declaraciones juradas, logo y bandera.
También asegura haber constituido 162 direcciones provisionales y encontrarse en la etapa final de recolección de firmas.
Avancemos pretende posicionarse con un discurso enfocado principalmente en empleo juvenil, educación, salud, producción agropecuaria, participación de mujeres y jóvenes y situación fronteriza.
Su desafío será demostrar que existe espacio electoral para otra organización surgida alrededor de dirigentes provenientes de estructuras partidarias tradicionales.
La izquierda intenta reagruparse
El tercer proyecto proviene de organizaciones históricamente vinculadas a la izquierda dominicana.
La Fuerza de la Revolución (FR) y el Movimiento Caamañista (MC) anunciaron su integración bajo el nombre Partido del Poder Popular (PPP).
Entre sus principales dirigentes figura Narciso Isa Conde.
A diferencia de Dominicanos Primero y Avancemos, el PPP plantea abiertamente una propuesta de transformación desde posiciones de izquierda, con énfasis en soberanía nacional, igualdad y cambios en el modelo político y económico.
Su principal desafío será transformar una militancia ideológicamente definida en el respaldo territorial y numérico requerido para conseguir reconocimiento electoral.
La barrera de las casi 90,000 firmas
Aquí aparece uno de los puntos fundamentales del proceso.
El artículo 15 de la Ley 33-18 establece requisitos para el reconocimiento de nuevas organizaciones políticas, entre ellos demostrar respaldo ciudadano equivalente al porcentaje requerido respecto de los votos válidos de las últimas elecciones.
Tomando como referencia 4,365,147 votos válidos señalados para las elecciones presidenciales de mayo de 2024, un 2 % equivaldría a aproximadamente: 87,303 personas.
No se trata únicamente de recopilar nombres. La documentación debe cumplir las condiciones establecidas para que pueda ser verificada por el órgano electoral.
Eso convierte el proceso en una prueba de organización territorial, logística y capacidad de movilización.
No basta con las firmas
Las organizaciones también deben presentar ante la JCE sus estatutos, declaración de principios, estructura directiva provisional, denominación, lema y símbolos, además de documentación relacionada con su organización y funcionamiento.
El componente financiero también es relevante.
Deben transparentar ingresos y gastos, identificar las fuentes de los recursos recibidos, las personas autorizadas para administrar fondos y presentar las proyecciones económicas correspondientes.
Por tanto, obtener personalidad jurídica como organización política requiere mucho más que anunciar públicamente la creación de un partido.
2027 será el año decisivo
El calendario coloca a 2027 como un año determinante para saber cuáles de estos proyectos podrán finalmente convertirse en opciones electorales para 2028.
Las elecciones municipales están previstas para febrero de 2028, seguidas posteriormente por las presidenciales y congresuales.
Para Santiago Matías, Carlos Amarante Baret y los dirigentes del Partido del Poder Popular, los próximos meses determinarán si sus respectivos proyectos logran pasar de iniciativas políticas en formación a organizaciones formalmente reconocidas.
Y detrás de esa competencia existe una interrogante todavía mayor: si alguna de estas nuevas fuerzas conseguirá romper la concentración del voto alrededor de los partidos actualmente dominantes o si terminará ocupando un espacio minoritario dentro de una boleta electoral cada vez más fragmentada.




