Santo Domingo.– Para algunas personas una camisa mojada por el sudor o unas manos húmedas representan una incomodidad pasajera. Para quienes padecen hiperhidrosis, sin embargo, la sudoración excesiva puede convertirse en un problema capaz de interferir con su vestimenta, relaciones sociales, autoestima y desempeño laboral.
La doctora Michelle Vásquez Peña, especialista en Medicina Regenerativa, Metabolismo y Hormonas, explica que algunos pacientes terminan adaptando buena parte de sus actividades cotidianas para intentar ocultar la condición.
“Estas personas tienden a usar ropa muy oscura, a no querer salir porque les da vergüenza. Entonces, es como que se van aislando”, expresó.
La hiperhidrosis puede presentarse principalmente en axilas, manos, pies y otras zonas del cuerpo. En determinados casos, situaciones de estrés o ansiedad pueden intensificar la sudoración debido a la respuesta del sistema nervioso autónomo, aunque estos factores no necesariamente constituyen la causa del problema.
Sudar mucho no significa falta de higiene
Uno de los mitos que rodean la hiperhidrosis es asociarla directamente con una higiene personal deficiente.
Vásquez Peña explicó que la hiperhidrosis primaria está vinculada con una regulación anormal de la actividad de las glándulas sudoríparas por parte del sistema nervioso, por lo que una persona puede mantener adecuados hábitos de higiene y aun así sudar excesivamente.
Tampoco es correcto interpretar una mayor sudoración como evidencia de que el organismo está eliminando más “toxinas”. La principal función fisiológica del sudor es contribuir a regular la temperatura corporal.
¿Cuándo sudar demasiado puede ser señal de otra enfermedad?
No todos los casos de sudoración excesiva corresponden a hiperhidrosis primaria.
Existe también la denominada hiperhidrosis secundaria, que puede aparecer asociada a determinadas enfermedades, medicamentos o cambios fisiológicos.
Entre las condiciones relacionadas se encuentran trastornos de la tiroides, diabetes, menopausia y determinadas enfermedades neurológicas. Algunos medicamentos también pueden provocar un aumento de la sudoración.

Precisamente por la variedad de posibles causas, una sudoración nueva, generalizada o inexplicable debe ser evaluada por un profesional de la salud, especialmente cuando aparece acompañada de otros síntomas.
¿Tiene tratamiento la hiperhidrosis?
Sí. Existen diferentes alternativas y su elección depende de la zona afectada, intensidad de los síntomas, antecedentes del paciente y causa de la sudoración.
Entre las opciones utilizadas se encuentran antitranspirantes de uso médico, especialmente para las axilas, y la iontoforesis, procedimiento empleado principalmente para disminuir la sudoración de manos y pies.
Otra alternativa es la toxina botulínica, que puede bloquear temporalmente las señales nerviosas que estimulan determinadas glándulas sudoríparas.
En situaciones específicas también existen procedimientos quirúrgicos, aunque requieren una valoración cuidadosa debido a posibles efectos adversos, entre ellos la llamada sudoración compensatoria, cuando disminuye el sudor en el área tratada pero aumenta en otras partes del cuerpo.
Cuando el sudor comienza a controlar la rutina
Más allá de las manifestaciones físicas, uno de los mayores impactos de la hiperhidrosis puede producirse en la vida social.
Evitar estrechar una mano, levantar los brazos, utilizar determinada ropa, hablar frente a otras personas o asistir a una actividad social son algunas de las conductas que pueden aparecer cuando existe preocupación constante por la sudoración.
Por esa razón, la recomendación es no normalizar una sudoración excesiva que interfiera de manera recurrente con las actividades cotidianas y buscar una evaluación que permita determinar su origen.
Un diagnóstico adecuado también evita atribuir automáticamente el problema al estrés, la higiene o la alimentación cuando detrás podría existir otra condición que requiera atención.




