La guerra en Oriente Medio ha escalado este viernes a niveles críticos con bombardeos masivos en múltiples frentes. El ejército israelí anunció una nueva ofensiva sobre el barrio de Dahiyeh, en la periferia sur de Beirut, dejando un panorama de destrucción total en este bastión de Hezbolá.
Los ataques se extendieron también a Baalbek y Sidón, elevando la cifra de víctimas en el Líbano a al menos 123 muertos y 683 heridos desde el pasado lunes.
Simultáneamente, la ciudad de Tel Aviv fue sacudida por ocho explosiones tras una alerta de misiles lanzados por los Guardianes de la Revolución de Irán, mientras que en el Golfo, los habitantes de Dubái recibieron alertas de emergencia en sus celulares ante una «amenaza potencial de misiles».
En el sur de Irán, las autoridades confirmaron la muerte de al menos 20 personas tras un ataque con misiles contra la ciudad de Shiraz ocurrido la noche del jueves.
En el plano estratégico y económico, la naviera Maersk anunció la suspensión temporal de todas sus conexiones en la región debido al riesgo para la navegación.
Ante el bloqueo de facto del estrecho de Ormuz, Corea del Sur y Emiratos Árabes Unidos sellaron un pacto de emergencia para el suministro de cuatro millones de barriles de petróleo a través de puertos que evitan la zona controlada por Teherán.
Por su parte, el presidente estadounidense Donald Trump reiteró que enviar tropas terrestres a Irán sería una «pérdida de tiempo», asegurando que el régimen iraní ya lo ha «perdido todo».
La comunidad internacional observa con alarma la expansión del conflicto, que ya incluye ataques a infraestructuras en Baréin, intercepciones de misiles en Arabia Saudita y Catar, y la toma de buques de guerra iraníes por parte de Sri Lanka. Mientras el jefe del Estado Mayor de Israel, Eyal Zamir, promete «nuevas sorpresas» en esta etapa de la guerra, los rebeldes hutíes de Yemen advirtieron que mantienen el «dedo en el gatillo» para intervenir en cualquier momento.










