LONDRES, Reino Unido – La vida de Ozzy Osbourne, el legendario «Príncipe de las Tinieblas» y vocalista de Black Sabbath, estuvo marcada no solo por su icónica carrera musical, sino también por una valiente y pública batalla contra el Parkinson, una enfermedad con la que fue diagnosticado formalmente en 2019, aunque, según su esposa Sharon, venía lidiando con ella desde 2003. A pesar de los desafíos de salud, Ozzy demostró una resiliencia inquebrantable que lo llevó a ofrecer un último y conmovedor adiós a sus fans.
La lucha silenciosa y el anuncio público
Antes de su revelación pública en 2020, la salud de Osbourne había sido objeto de especulaciones, exacerbadas por una serie de caídas y cirugías, incluyendo una grave lesión de cuello en 2019 que agravó una antigua lesión de un accidente en quad de 2003. Estas dolencias, sumadas al avance del Parkinson, impactaron significativamente su movilidad.
A pesar de sus dificultades, Ozzy fue honesto y abierto sobre su condición. «No soy bueno con los secretos. No puedo andar con esto por ahí porque es como si me estuviera quedando sin excusas», compartió en su momento, mostrando la vulnerabilidad que lo conectaba aún más con sus millones de seguidores. Su esposa, Sharon, explicó que el Parkinson es una enfermedad progresiva que afectó las piernas de Ozzy, aunque su voz se mantuvo «tan bien como siempre».
Un último concierto digno de una leyenda
A pesar de que el Parkinson le impedía caminar, el deseo de Ozzy de despedirse de sus fans era inmenso. El 5 de julio de 2025, apenas unas semanas antes de su fallecimiento, se hizo realidad este anhelo en Birmingham, su ciudad natal, con el concierto de despedida «Back to the Beginning».
Este evento no fue solo un concierto; fue un homenaje masivo. Ozzy se reunió con los miembros originales de Black Sabbath (Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward) por última vez en el escenario. El espectáculo contó con la participación de gigantes del rock y el heavy metal como Metallica, Guns N’ Roses, Pantera, Slayer y mensajes de tributo de celebridades como Jack Black y Dolly Parton.
Ozzy, consciente de sus limitaciones físicas, actuó sentado en un trono negro decorado con murciélagos, una imagen poderosa y digna que resumía su legado. Aunque no podía moverse como antaño, su voz y su espíritu permanecieron intactos, conectando con más de 40,000 personas que se congregaron en Villa Park para ser testigos de este momento histórico. «No tienen idea de cómo me siento, gracias desde el fondo de mi corazón», les dijo a sus fans, visiblemente emocionado.
Este último acto fue una prueba de su determinación, un deseo de ofrecer un «punto final» a su carrera de la mano de aquellos que lo apoyaron incondicionalmente. La idea, según reveló, fue de Sharon, para darle «una razón para levantarse por las mañanas».
El adiós de Ozzy Osbourne fue un testimonio de su inquebrantable espíritu y su amor por la música y sus fans, dejando un legado que perdurará mucho más allá de su partida física.








