PARÍS. – La lluvia, tan solo un inconveniente en la vida adulta, se convierte en un pretexto para pensar en las fascinantes bestias de piedra que velan por París: las gárgolas de Notre Dame. Estas figuras, que escupen agua y siglos de historias, son mucho más que simples adornos. Nacieron como una solución arquitectónica para proteger la catedral, pero se transformaron en criaturas fantásticas que han cautivado la imaginación colectiva.
La sutil diferencia entre gárgolas y quimeras
Aunque a menudo se confunden, no todas las criaturas de piedra que adornan las catedrales góticas son iguales. La función principal de una gárgola es práctica y vital: son desagües elaborados que expulsan el agua de los tejados, protegiendo así las paredes de la erosión. Sus formas, intencionadamente grotescas, se crearon para alejar el mal y recordar a los fieles los peligros del pecado, sirviendo como una poderosa pedagogía visual.
Por otro lado, las quimeras son esculturas puramente decorativas, sin ninguna función hidráulica. Una de las más famosas es Le Stryge, una figura melancólica que, a diferencia de las gárgolas, simplemente observa la ciudad de París desde lo alto de la torre norte. Este “demonio decorativo” fue una adición del siglo XIX, creada por el arquitecto Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc.
De criaturas de piedra a iconos de la cultura pop
Con la aparición en la literatura de Victor Hugo y, posteriormente, en la animación de Disney, las gárgolas pasaron de ser guardianas silenciosas a íconos de la cultura popular. Estampadas en postales, libros y todo tipo de artículos, su figura se volvió un emblema global.
Sin embargo, su relevancia se reafirmó tras el trágico incendio de Notre Dame en 2019. Mientras parte de la catedral ardía, muchas de estas gárgolas y quimeras permanecieron en pie, convirtiéndose en un poderoso símbolo de resiliencia y una marca indeleble del lugar.
Al final, ya sea que escupan lluvia furiosa o simplemente miren con ojos de piedra, estas figuras nos recuerdan que la arquitectura, al igual que el arte, puede contar historias que trascienden el tiempo, incluso en la noche más quieta.





