El jefe de la OTAN, Mark Rutte, parece haber optado por hablar lo menos posible para mantener a la Alianza fuera de la trifulca entre Estados Unidos y Dinamarca por Groenlandia, pero está por ver que su estrategia tenga éxito. Rutte esquiva las preguntas difíciles y sigue alabando al presidente estadounidense Donald Trump pese a su amenaza de anexionar Groenlandia, un territorio autónomo danés, para supuestamente garantizar la seguridad de Estados Unidos.
Unas pretensiones que podrían desmembrar la alianza militar creada hace 76 años y de la que forman parte tanto Estados Unidos como Dinamarca. En una reunión con miembros del Parlamento Europeo esta semana, la eurodiputada danesa Stine Bosse cuestionó la postura de la alianza ante el terror de los habitantes de la isla.
Rutte se mantuvo impávido, respondiendo que su papel como secretario general es trabajar entre bastidores y no hacer comentarios sobre discusiones internas.
Mark Rutte confía en poder convencer a Trump de que no es necesario invadir Groenlandia para que Estados Unidos esté seguro. En Bruselas, la Alianza considera opciones como una nueva misión en el Ártico para contrarrestar la amenaza rusa. Sin embargo, diplomáticos advierten que Rutte podría verse obligado a usar su capital de confianza con Trump para frenar la anexión, una «última carta» que solo puede usarse una vez.
Está previsto que Donald Trump participe en el Foro Económico Mundial de Davos la próxima semana, donde podría producirse un encuentro clave.




