Santo Domingo.– El cáncer de mama continúa siendo uno de los tumores más frecuentes entre las mujeres a nivel mundial. Aunque existen factores de riesgo que no pueden modificarse, como la edad, el sexo y determinadas condiciones genéticas, otros están relacionados con el estilo de vida y pueden abordarse mediante cambios en los hábitos cotidianos.
La doctora Verónica Alume, médica radioncóloga y máster en Nutrición de Precisión, explica que modificar estos factores no garantiza evitar la enfermedad, pero puede contribuir a reducir el riesgo de desarrollar cáncer de mama.
Entre los principales factores modificables se encuentran el consumo de alcohol, el sobrepeso y la obesidad —especialmente después de la menopausia—, la inactividad física y el tabaquismo.
¿Qué hábitos pueden ayudar a reducir el riesgo?
Mantener un peso saludable constituye una de las medidas que pueden contribuir a disminuir el riesgo, particularmente después de la menopausia.
También se recomienda realizar actividad física de manera regular, evitar el consumo de tabaco y reducir o eliminar el alcohol.
La alimentación forma parte de un enfoque integral de salud. Se recomienda priorizar frutas, vegetales y alimentos ricos en fibra, dentro de un patrón alimentario equilibrado, frente al consumo frecuente de productos ultraprocesados.
La especialista advierte, sin embargo, que ningún alimento por sí mismo previene el cáncer de mama y que los hábitos saludables deben analizarse en conjunto.
Terapia hormonal y factores reproductivos
Determinados tratamientos de terapia hormonal para la menopausia pueden modificar el riesgo de cáncer de mama dependiendo del tipo de tratamiento y de las características de cada paciente.
Por esta razón, sus posibles beneficios y riesgos deben evaluarse individualmente con un profesional de la salud y no suspenderse o iniciarse sin orientación médica.
En cuanto a los factores reproductivos, la lactancia materna se ha asociado con una reducción del riesgo de desarrollar cáncer de mama.
Hay factores que no se pueden cambiar
La edad es uno de los principales factores no modificables. El riesgo aumenta con los años y una proporción importante de los diagnósticos ocurre después de los 50.
También deben considerarse los antecedentes familiares y determinadas variantes genéticas hereditarias, entre ellas las relacionadas con BRCA1 y BRCA2.
Aunque una persona no puede modificar estos factores, conocerlos puede ayudar a establecer estrategias de seguimiento y evaluación médica adaptadas a su nivel individual de riesgo.
“No podemos elegir nuestra genética ni detener el paso del tiempo, pero sí podemos tomar decisiones sobre muchos de nuestros hábitos cotidianos. La prevención no ofrece garantías absolutas, pero sí nos brinda herramientas para cuidar nuestra salud y reducir riesgos”, señala Alume.
Los hábitos saludables no sustituyen los controles
La especialista enfatiza que adoptar hábitos saludables no reemplaza los controles médicos ni las estrategias de detección temprana.
Las mujeres deben mantener los controles recomendados según su edad, antecedentes y nivel individual de riesgo, además de acudir a evaluación médica ante cualquier cambio o alteración en las mamas.
La prevención y reducción del riesgo requieren, por tanto, combinar información basada en evidencia, hábitos saludables, evaluación médica y detección oportuna.




