MIAMI. — El anuncio de La Habana de permitir que los emigrantes cubanos inviertan en la isla para enfrentar la severa crisis económica y energética ha sido recibido con una mezcla de rechazo, escepticismo y un entusiasmo muy limitado en el epicentro de la diáspora.
«Una estafa monumental» Para muchos líderes empresariales en el exilio, la propuesta carece de credibilidad. Ivan Herrera, director de la aseguradora Univista, calificó la iniciativa como «una gran estafa» y aseguró que ningún empresario que valore la seguridad jurídica pondrá su capital bajo el actual gobierno.
Herrera, cuyo abuelo fue prisionero político, enfatizó que solo considerará invertir «cuando haya una Cuba libre».
El colapso del sistema
Esta apertura representa una brecha histórica en el sistema anticapitalista de la isla, impulsada por una economía que se tambalea al borde del abismo. La escasez de bienes esenciales y los apagones masivos se han multiplicado desde que la administración de Donald Trump cortó los suministros de petróleo venezolano, dejando la infraestructura cubana en un estado crítico.
Dudas legales y económicas Carlos Saladrigas, presidente de Cuba Study Group, ve el movimiento como un paso en la dirección correcta, pero insuficiente.
«Detrás de sus palabras hay todo un marco legal que debe ser reformado», señaló, advirtiendo que el gobierno debe abandonar el socialismo tradicional y la economía planificada para adoptar medidas de mercado reales.
Por su parte, el abogado Pedro Freyre describió a Cuba como un destino de inversión «extremadamente riesgoso», citando:
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Un sistema bancario disfuncional.
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Moneda altamente inestable.
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Ausencia de estado de derecho que garantice la propiedad privada.
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Infraestructura «completamente ruinosa».
«Es difícil decir ‘voy a poner mis ahorros para abrir un McDonald’s en el Malecón’ cuando no sabes si habrá luz, agua o si el Malecón se va a derrumbar», comentó Freyre.
Voces a favor
En contraste, Hugo Cancio, propietario de OnCuba y el supermercado online Katapulk, se mostró entusiasmado. «Por supuesto que invertiría en Cuba. No es solo una inversión; estaría ayudando a reconstruir mi país», afirmó, representando a una facción de la diáspora que cree en el compromiso directo como motor de cambio.
El factor Washington
A los obstáculos internos de la isla se suma el embargo estadounidense vigente desde los años 60. Para que cualquier residente en EE. UU. pueda hacer negocios en Cuba, Washington debe otorgar licencias específicas, lo que añade una capa de complejidad burocrática y política que pocos están dispuestos a navegar en el clima actual.





