El ruido rosa se ha popularizado como sonido de fondo para dormir, pero nuevas investigaciones sugieren que sus efectos dependen mucho de cómo y cuándo se utilice.
Un estudio del Massachusetts Institute of Technology (MIT) encontró que pequeñas ráfagas de ruido rosa, aplicadas exactamente en determinados momentos del sueño profundo, lograron aumentar la amplitud de las ondas lentas del cerebro y también el movimiento del líquido cefalorraquídeo.
Ese líquido rodea y protege el cerebro y la médula espinal y participa en el transporte de nutrientes y la eliminación de productos de desecho generados por las células cerebrales.
No era ruido durante toda la noche
La clave del experimento está en que los investigadores no dejaron un sonido reproduciéndose continuamente.
Trabajaron con 14 adultos sanos que dormían durante sesiones de siesta mientras eran monitorizados mediante electroencefalografía y resonancia magnética funcional.
Un algoritmo desarrollado por el equipo anticipaba cuándo una onda cerebral lenta estaba próxima a alcanzar su punto máximo. En ese instante emitía una ráfaga de ruido rosa de apenas 50 milisegundos, a una intensidad suficientemente baja como para no despertar a los participantes.
El resultado fue un aumento tanto de las ondas eléctricas lentas como de las ondas del líquido cefalorraquídeo.
La investigación también mostró que las ondas cerebrales estaban relacionadas con ciclos de contracción y dilatación de los vasos sanguíneos, movimientos que contribuyen a impulsar el flujo de ese líquido.
¿Podría ayudar a “limpiar” el cerebro?
Los investigadores están especialmente interesados en esa posibilidad porque durante el sueño el movimiento del líquido cefalorraquídeo participa en procesos relacionados con la eliminación de residuos del cerebro.
Laura Lewis, investigadora principal del estudio, explicó que el equipo consiguió aumentar el tamaño de las ondas de flujo durante el sueño en adultos sanos. Ahora buscan determinar si ese efecto podría traducirse en beneficios concretos para la función cognitiva, la memoria o enfermedades neurodegenerativas.
Pero esa parte todavía no está demostrada.
El trabajo no estableció que escuchar ruido rosa mejore la memoria, prevenga el Alzheimer o produzca por sí mismo un sueño más reparador.
Escucharlo continuamente podría producir otro efecto
Aquí aparece una diferencia importante.
Otra investigación realizada por Penn Medicine encontró que escuchar ruido rosa continuo a 50 decibeles durante la noche estuvo asociado con una reducción cercana a 19 minutos de sueño REM en comparación con noches sin exposición sonora.
Los participantes también reportaron una percepción de sueño más ligero, más despertares y peor calidad general cuando estuvieron expuestos a ruido rosa continuo o ruido de aviones.
Ese estudio trabajó con 25 adultos sanos de entre 21 y 41 años y evaluó distintas condiciones durante noches completas de laboratorio.
Dos estudios que no se contradicen necesariamente
Los resultados pueden parecer opuestos, pero investigaron situaciones muy diferentes.
El MIT utilizó ráfagas extremadamente breves y sincronizadas individualmente con la actividad cerebral.
Penn Medicine, en cambio, analizó exposición continua durante el sueño.
Por eso no sería correcto concluir que poner una aplicación de ruido rosa durante toda la noche producirá los efectos observados por el MIT.
De hecho, los propios investigadores sostienen que todavía hace falta estudiar con mayor profundidad los efectos de los sonidos de banda ancha utilizados como ayudas para dormir.
La investigación del MIT abre una posibilidad interesante: utilizar estímulos sonoros cuidadosamente sincronizados para modificar procesos fisiológicos durante el sueño. Pero convertir ese hallazgo en una terapia doméstica requerirá más estudios y, probablemente, dispositivos capaces de detectar en tiempo real la actividad cerebral de cada persona.




