Aquí el horizonte siempre fue el mismo: sal, manglar y la certeza de que para progresar había que irse. Pepillo Salcedo, en la provincia de Monte Cristi, creció acostumbrándose a exportar gente. Los jóvenes se iban a Santiago, a Santo Domingo, a Nueva York. Los que se quedaban encontraban algo en la pesca, en la agricultura, en el comercio informal que apenas alcanzaba. Eso era antes. Hoy, en ese mismo rincón de la frontera, hay hombres y mujeres que operan turbinas de gas, leen esquemas eléctricos y hablan de rendimiento en megavatios.
El pueblo que aprendió a ser invisible
La historia económica de Monte Cristi es una historia de potencial reconocido y desarrollo postergado. Provincia fronteriza, con costas extraordinarias, una bahía de características portuarias únicas y un suelo con vocación agropecuaria, pero con infraestructura mínima, servicios básicos deficientes y una economía local que nunca terminó de despegar. Generación tras generación, los habitantes de Pepillo Salcedo desarrollaron una relación pragmática con la escasez: la aceptaban, gestionaban lo que podían y muchos, simplemente se marchaban.
Una economía de subsistencia con pocas salidas formales
Antes de la llegada del proyecto energético, las opciones laborales en la zona eran limitadas y, en su mayoría, informales. La pesca artesanal, la agricultura de subsistencia, el pequeño comercio fronterizo y los trabajos eventuales en construcción eran las vías de ingreso disponibles. Las oportunidades de empleo formal eran prácticamente inexistentes.
Al registrar el inicio de la construcción del complejo energético de Manzanillo, desde el primer momento el proyecto fue presentado como una promesa de empleo y desarrollo para una zona que llevaba décadas esperando.
De «¿hacia dónde me voy?» a «¿en qué me especializo?»
Lo que cambió con la llegada de Manzanillo Power Land no fue únicamente la cifra de empleos disponibles. Fue la naturaleza misma de las preguntas que los jóvenes de Pepillo Salcedo empezaron a hacerse. Donde antes la pregunta era geográfica —a qué ciudad emigrar— ahora era técnica: qué área dominar, en qué turno trabajar, cómo avanzar dentro de la estructura de una planta de generación de 414 megavatios.
Cuatro voces de la frontera
Los testimonios recogidos pertenecen a trabajadores directos del proyecto, formados en su mayoría en la propia zona. Sus nombres se omiten a solicitud propia. Sus historias, no.
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El mecánico que nunca había visto una turbina de gas (38 años): Durante más de una década trabajó reparando camionetas y motores de pescadores. Hoy forma parte del equipo de mantenimiento mecánico de turbomaquinaria, con responsabilidades sobre los sistemas de lubricación y las revisiones periódicas de los componentes rotativos de la planta.
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La operadora que aprendió a leer esquemas eléctricos (29 años): Trabajaba en una tienda de ropa en el mercado de San Fernando sin cobertura social. Su incorporación como operadora de sistemas de monitoreo y control es representativa de trabajadores sin experiencia técnica previa que, con formación estructurada, alcanzaron niveles de alta competencia.
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El electricista que rechazó irse a Santiago (42 años): Durante dos décadas su rutina fue viajar semanalmente a Santiago para trabajar en instalaciones industriales. La formación complementaria dentro del proyecto le permitió certificarse en sistemas de 345 kilovatios sin tener que abandonar su provincia.
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El ayudante que hoy supervisa a otros (25 años): Entró como ayudante general con el bachillerato recién terminado. Tras pasar por programas internos de formación, hoy supervisa a cinco personas en su turno en el área de operaciones.
La demanda de trabajo que la provincia nunca había generado
El volumen de empleo creado por el proyecto transformó la dinámica laboral de la provincia entera. Las ferias de empleo, que llegaron a concentrar casi 900 plazas disponibles, pusieron en evidencia algo inédito: la escasez no de empleo, sino de candidatos suficientemente formados. Esa inversión del problema —de ¿dónde trabajo? a ¿cómo me formo?— es el cambio más profundo introducido en la mentalidad local.
Lo que Pepillo Salcedo ya no es
Pepillo Salcedo sigue siendo un municipio pequeño, pero lo que significa vivir ahí ha cambiado. La central termoeléctrica Manzanillo Power Land, cuya inauguración oficial registró el Ministerio de Energía y Minas en marzo de 2026, generó durante su construcción entre 1,500 y 5,700 empleos directos. Muchos de ellos pertenecen a la zona, consolidando la certeza de que el futuro puede construirse desde aquí.





