LA HABANA. – El fin abrupto del suministro de petróleo, el desplome del PIB y los cortes eléctricos de hasta 40 horas seguidas han sumergido a Cuba en una crisis que reaviva el traumático recuerdo del «periodo especial» de 1991.
Sin embargo, analistas advierten que, a diferencia de la crisis que siguió a la caída de la URSS, el escenario actual se caracteriza por un debilitamiento estructural irreversible, una pérdida de legitimidad política y un éxodo migratorio que supera los 1.5 millones de personas desde 2021.
Historiadores y politólogos señalan que, mientras en los años 90 los servicios de salud y educación se mantuvieron como estandartes de la Revolución, hoy estos sectores se encuentran profundamente deteriorados. La famosa «libreta» de racionamiento es ahora casi inexistente y la desigualdad se ha agudizado con la aparición del sector privado y el acceso a remesas.
Según el historiador Fabio Hernández, la crisis de hoy no es solo económica, sino de adhesión al proyecto revolucionario, agravada por la falta del liderazgo carismático de Fidel Castro.
Un factor determinante en esta nueva realidad es el acceso masivo a internet móvil desde 2018, lo que ha roto el monopolio informativo del Estado y facilitado la movilización social, como se vio en las protestas de julio de 2021.
Con una ciudadanía mejor informada y un desabastecimiento energético crítico tras el cese del apoyo de Venezuela, la isla enfrenta un abismo donde la narrativa de «resistencia patriótica» parece agotada frente a la urgencia de reformas profundas.





