La cantidad de agua que necesita una persona no se resume en una regla universal de ocho vasos al día. El clima, la actividad física, la alimentación y las condiciones de salud influyen en las necesidades de hidratación, que pueden variar de una jornada a otra.
Las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos utilizan como referencias de ingesta adecuada de agua total unos 3.7 litros diarios para hombres adultos y 2.7 litros para mujeres adultas. Estas cifras incluyen el agua que se obtiene de alimentos y bebidas; no indican que sea obligatorio beber esa cantidad de agua pura.
Las frutas, los vegetales y las sopas también aportan líquido. El café, las infusiones y otras bebidas contribuyen a la hidratación, aunque conviene limitar las opciones con mucho azúcar. Contar únicamente botellas de agua no refleja toda el agua que recibe el organismo.
El calor, la sudoración, el ejercicio y algunas enfermedades aumentan las pérdidas de líquidos. En República Dominicana, quienes realizan actividades prolongadas al aire libre deben prestar especial atención a la disponibilidad de agua potable y a los descansos. Niños pequeños y adultos mayores pueden necesitar una vigilancia más cuidadosa.
La sed es una señal útil en muchas personas sanas, pero no debe interpretarse de manera aislada. Las necesidades también cambian durante el embarazo y la lactancia. Quienes tienen enfermedades renales o cardíacas, o siguen indicaciones de limitar líquidos, deben respetar las recomendaciones de su equipo médico.
Beber cantidades excesivas en poco tiempo tampoco es una buena estrategia. Lo recomendable es distribuir las bebidas durante el día, ajustar el consumo al calor y al esfuerzo, y consultar cuando aparecen signos de deshidratación o dudas por una condición médica.




