SANTO DOMINGO.– La provincia fronteriza de Pedernales se ha convertido en el epicentro de la apuesta turística más ambiciosa de la República Dominicana, buscando transformar a Cabo Rojo en un nuevo polo turístico internacional y replicar el éxito de Punta Cana. Aunque la región destaca por su enorme riqueza natural, siendo gran parte Reserva de la Biosfera de la Unesco, también es una de las provincias más vulnerables del país.
El megaproyecto contempla tres fases que incluyen toda la infraestructura pública necesaria: electrificación, manejo de aguas residuales, un puerto de cruceros y un aeropuerto internacional, además de los primeros hoteles de inversión privada. En esta primera etapa se proyecta una inversión total de US$2,000 millones, con participación de grandes grupos como Puntacana. Sin embargo, persisten las críticas por los retrasos, especialmente en la construcción del aeropuerto, considerado la pieza clave para la apertura de los primeros hoteles, que se espera esté listo entre octubre y noviembre del próximo año.
A pesar de las proyecciones optimistas del Fideicomiso Pro-Pedernales, dirigido por Sigmund Freund, la iniciativa enfrenta fuertes tensiones sociales. Muchos residentes no poseen títulos de propiedad y denuncian haber sido objeto de desplazamientos sin una compensación adecuada, mientras que el gobierno asegura que se trata de ocupantes ilegales a quienes se les entregarán terrenos gratuitos en zonas cercanas. Expertos, como Jenny Torres del INTEC, advierten del riesgo de que se repita el modelo de desigualdad territorial que generó Punta Cana, donde el lujo coexiste con cinturones de pobreza.
Adicionalmente, el proyecto ha generado serias preocupaciones medioambientales. Organizaciones como el Grupo Jaragua alertan sobre la amenaza para los arrecifes de coral y la ya crítica disponibilidad de agua en una provincia históricamente afectada por la sequía. Aunque el gobierno sostiene que se construyen pozos para garantizar el suministro tanto a la comunidad como a los hoteles por 20 años, los críticos cuestionan la sostenibilidad de la demanda de miles de habitaciones hoteleras.
Con una inversión pública y privada significativa, Cabo Rojo representa una oportunidad histórica para el desarrollo de la región. Sin embargo, con visiones tan contrapuestas entre la promesa de un gran derrame económico y el riesgo de acentuar las brechas sociales y ambientales, solo el tiempo revelará si este será el motor de desarrollo esperado.












