Santo Domingo.– El acuerdo anunciado por el presidente estadounidense, Donald Trump, para ampliar el suministro de diésel ruso a los mercados internacionales ha provocado diferencias con aliados europeos y Ucrania, cuyos representantes advierten que la medida podría aumentar los ingresos de Moscú en medio de la guerra.
El entendimiento, anunciado el viernes 9 de octubre tras una conversación entre Trump y su homólogo ruso, Vladimir Putin, contempla la incorporación de más de 300,000 toneladas de diésel ruso al mercado estadounidense e internacional, otras 500,000 toneladas durante noviembre y un millón adicional sin fecha definida.
Trump presentó la iniciativa como una respuesta al encarecimiento de los combustibles, que afecta al transporte de mercancías y a la producción agrícola estadounidense, según informaciones difundidas por medios internacionales.
¿En qué consiste el acuerdo?
La medida contempla una flexibilización temporal de determinadas restricciones comerciales impuestas a Rusia tras la invasión de Ucrania en febrero de 2022.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), dependiente del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, emitió el 9 de octubre la licencia general número 135. La autorización permite, hasta el 7 de abril de 2027, determinadas operaciones relacionadas con la venta, entrega, descarga e importación de diésel de origen ruso.
La disposición no supone el levantamiento general de las sanciones contra Moscú, sino una excepción específica que mantiene vigentes otras restricciones financieras y comerciales.
La decisión modifica parcialmente la política adoptada por Washington en marzo de 2022, cuando prohibió las importaciones de petróleo y derivados rusos para limitar los ingresos energéticos del Gobierno ruso.
Los volúmenes anunciados tampoco representan entregas ya realizadas. Su ejecución dependerá de la disponibilidad del combustible, la capacidad de las refinerías y las condiciones de transporte.
El viceprimer ministro ruso, Alexandr Nóvak, afirmó el lunes que su país podría alcanzar hacia finales de año un suministro de hasta 3.5 millones de toneladas mensuales a los mercados internacionales. Esa cifra corresponde a una proyección de las exportaciones rusas y no a una cantidad comprometida en el acuerdo inicial.
Europa cuestiona la flexibilización
Durante una reunión de ministros de Exteriores de la Unión Europea celebrada el lunes 12 de octubre en Luxemburgo, la alta representante del bloque para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, defendió aumentar la presión económica sobre Rusia en lugar de facilitar operaciones comerciales que puedan beneficiar al Kremlin.
“Estados Unidos es nuestro mayor aliado, pero nuestro mensaje es claro: si queremos poner fin a esta guerra, la única manera de hacerlo es aumentando la presión sobre Rusia”, declaró Kallas, según Euronews.
La ministra de Exteriores de Irlanda, Helen McEntee, calificó el entendimiento de preocupante y defendió mantener las restricciones europeas. Por su parte, la canciller sueca, Maria Malmer Stenergard, expresó su deseo de que el pacto no llegue a aplicarse.
El ministro de Exteriores de Lituania, Kęstutis Budrys, también cuestionó la iniciativa por considerar que no contribuiría a reducir los precios de los productos petrolíferos ni a preservar la unidad transatlántica.
En medio de estas diferencias, la Unión Europea aprobó una ampliación de su lista de sanciones contra más de 1,600 personas y entidades señaladas por contribuir al esfuerzo bélico ruso, de acuerdo con Euronews.
Ucrania advierte sobre los beneficios para Moscú
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, cuestionó la decisión estadounidense al considerar que flexibilizar las sanciones sin compromisos verificables de Rusia debilita los esfuerzos internacionales para detener la invasión.
“Los regalos a Putin no conducirán a la paz”, afirmó Zelenski el sábado, según Al Jazeera. El mandatario sostuvo que reducir la presión económica sin un acuerdo claro y duradero de desescalada enviaría una señal de debilidad.
La controversia coincide con los ataques ucranianos contra refinerías, terminales petroleras y otras instalaciones energéticas rusas, dirigidos a reducir los recursos que Moscú obtiene de la comercialización de combustibles.
Kiev sostiene que sus operaciones han afectado aproximadamente la mitad de la capacidad de refinación rusa, aunque esa estimación no constituye una evaluación independiente de los daños.
Trump también anunció el domingo una supuesta tregua energética entre Rusia y Ucrania. Sin embargo, las autoridades ucranianas denunciaron nuevos ataques contra su infraestructura eléctrica, lo que ha generado dudas sobre la aplicación efectiva del compromiso.
Kallas advirtió, además, que una suspensión de los bombardeos limitada a las refinerías podría beneficiar principalmente a Rusia, debido a la mayor cantidad de instalaciones de ese tipo con las que cuenta frente a Ucrania.
El precio del diésel y las elecciones estadounidenses
El acuerdo se produce en medio del aumento del precio del diésel en Estados Unidos, con repercusiones sobre el transporte, la producción agrícola y la distribución de mercancías.
Según cifras de la Administración de Información Energética estadounidense (EIA), citadas por Al Jazeera, el precio promedio del combustible pasó de 3.81 dólares por galón a finales de febrero de 2026 a aproximadamente 6.19 dólares a comienzos de octubre, un incremento cercano al 62.5 %.
El encarecimiento ocurre en un contexto de tensiones energéticas internacionales vinculadas a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y a las perturbaciones del suministro.
La evolución de los precios representa un desafío político para la Administración republicana a pocas semanas de las elecciones legislativas de noviembre, en las que se disputará el control del Congreso.
No obstante, especialistas citados por medios internacionales consideran que las cantidades anunciadas podrían representar una proporción limitada del consumo estadounidense y tener un efecto reducido sobre los precios.
El pacto también ha generado cuestionamientos entre legisladores estadounidenses, incluidos republicanos, que ponen en duda la conveniencia de facilitar ingresos a Moscú mientras continúa la ofensiva militar contra Ucrania, según The Washington Post.




