Vivimos una paradoja inquietante: nunca antes los dominicanos tuvimos tanto acceso a la información y, sin embargo, nunca fue tan difícil distinguir la verdad de la mentira. Las redes sociales y las plataformas digitales han democratizado la palabra, pero también han abierto la puerta a una avalancha de desinformación que afecta la credibilidad informativa, confunde a la ciudadanía y debilita la confianza social.
En nuestro país, este fenómeno se manifiesta con claridad. Circulan a diario audios anónimos de WhatsApp que “revelan” supuestas crisis bancarias o falsas alertas de salud pública. En épocas electorales, abundan noticias manipuladas, encuestas inventadas y videos sacados de contexto.
Confusión entre información y opinión Uno de los principales problemas es la confusión entre información y opinión. En este ecosistema, la mentira no necesita ser creíble; solo necesita ser viral. La velocidad agrava el problema; hoy, un titular llamativo basta para formar opinión, convirtiendo a ciudadanos en multiplicadores de información falsa por la prisa de compartir.
Consecuencias de la desinformación Las consecuencias son profundas: la desinformación erosiona el debate público y genera la sensación de que “nadie dice la verdad”. En temas sensibles como la seguridad ciudadana, la migración o la economía, esta confusión puede tener efectos sociales graves.
¿Qué hacer frente a este escenario? La primera acción es fortalecer la educación crítica desde escuelas y universidades para identificar fuentes confiables. En segundo lugar, es necesario revalorizar el periodismo profesional que trabaja con rigor y verifica datos.
También las plataformas digitales deben asumir su responsabilidad mejorando los sistemas de verificación. Finalmente, cada ciudadano debe asumir su responsabilidad individual: antes de compartir, conviene confirmar si la información es útil o solo provoca miedo. Una sociedad que no distingue entre lo verdadero y lo falso pone en riesgo la democracia y la convivencia.
Fuente: Diario Libre










