Por Osvaldo Reyes
Ayer, bajo el peso de un cielo que parece encogerse ante la incertidumbre global, el presidente Luis Abinader no solo convocó a una reunión; hizo un llamado al alma de la nación.
En un mundo donde los tambores de guerra en Oriente Medio retumban hasta nuestras costas, el mandatario propuso un «gran acuerdo nacional», una suerte de refugio compartido para capear la tempestad.
No es tarea menor buscar la unidad cuando el horizonte se tiñe de dudas. Al instruir a sus ministros para tejer este puente con los sectores productivos y sociales, el Gobierno intenta blindar el crecimiento económico no solo con cifras, sino con la voluntad colectiva.
Es, en esencia, un intento de que la crisis no nos encuentre aislados, sino estrechamente unidos en un mismo propósito: mitigar el impacto en el hogar de cada dominicano.
Mientras la frontera se refuerza y el mundo observa con cautela la evolución en Haití, este acuerdo nacional se presenta como la brújula necesaria.
La defensa de la patria no solo se ejerce con la vigilancia de nuestras Fuerzas Armadas, sino con la madurez de una sociedad que entiende que, ante lo imprevisible, la prudencia y la responsabilidad son nuestras mejores aliadas.
Queda ahora ver si todos los sectores acudirán a esta cita con la historia, entendiendo que el bienestar de la familia dominicana es el único norte que no debe perderse.





