La guerra en Oriente Medio se intensifica con declaraciones determinantes de los principales líderes globales.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, advirtió en un discurso televisado que posee un «plan metódico» con el respaldo de Estados Unidos para erradicar el régimen iraní y permitir un cambio de poder.
Según el portavoz del ejército, general Effie Defrin, Israel ha ejecutado unos 3,400 ataques en territorio iraní en una semana, inutilizando más de 150 sistemas de defensa.
Por su parte, los Guardianes de la Revolución de Irán aseguraron tener capacidad para mantener una guerra intensa por al menos seis meses más, tras haber atacado más de 200 objetivos estadounidenses e israelíes.
En el plano diplomático, el presidente Donald Trump mostró un giro en su estrategia al declarar a bordo del Air Force One que no desea una ofensiva de las milicias kurdas contra Teherán para no complejizar el conflicto.
No obstante, Trump acusó directamente a Irán por el bombardeo a una escuela en Minab, que dejó más de 150 muertos, contradiciendo reportes del New York Times que sugerían autoría estadounidense.
Mientras tanto, China, a través de su canciller Wang Yi, condenó las hostilidades afirmando que esta guerra «nunca debería haber ocurrido» y que el mundo no puede regresar a la «ley de la selva».
El conflicto continúa expandiéndose geográficamente con ataques en el Golfo, alcanzando depósitos de combustible en el aeropuerto de Kuwait y objetivos en Arabia Saudita y Catar, pese a las disculpas previas del presidente iraní Masud Pezeshkian.
En el Líbano, un ataque israelí de «precisión» contra un hotel en Beirut dejó cuatro muertos, bajo el argumento de que allí operaban comandantes iraníes.
En Israel, las sirenas de alerta antiaérea sonaron este domingo ante la llegada de misiles desde Irán, manteniendo a la población en refugios mientras la escalada militar no da señales de tregua.





