FLORIDA / WASHINGTON. — La tensión en el Golfo Pérsico alcanzó un nuevo punto crítico este sábado 21 de marzo, cuando el presidente Donald Trump emitió un ultimátum de 48 horas al gobierno de Irán. La exigencia es clara: la reapertura total y sin amenazas del Estrecho de Ormuz, la vía marítima más importante para el petróleo mundial, que permanece bloqueada tras tres semanas de guerra.
A través de su plataforma Truth Social, el mandatario fue contundente:
«Si Irán no ABRE TOTALMENTE, SIN AMENAZAS, el estrecho de Ormuz, dentro de 48 horas desde este momento exacto, Estados Unidos atacará y aniquilará sus numerosas PLANTAS DE ENERGÍA, EMPEZANDO POR LA MÁS GRANDE PRIMERO!»
Nueva fase del conflicto
Este anuncio marca un cambio drástico en la estrategia militar de Washington. Tras haber degradado gran parte de las capacidades navales y aéreas de Irán en las semanas previas, Trump ahora apunta directamente a la infraestructura civil estratégica. Analistas sugieren que este movimiento busca ejercer la máxima presión sobre el liderazgo iraní ante el estancamiento de las negociaciones y el impacto económico global del cierre del estrecho.
Presión por el petróleo
El ultimátum llega en un momento de desesperación en los mercados energéticos. Con más de 3,000 barcos varados en la región y el barril de crudo Brent superando los US$112, Trump enfrenta una presión interna masiva para estabilizar los precios antes de las elecciones de medio término.
Aunque el Departamento del Tesoro autorizó temporalmente la venta de crudo iraní ya embarcado para aliviar el suministro, el cierre de la ruta sigue estrangulando la economía mundial.





