WASHINGTON / TEHERÁN. – El presidente estadounidense, Donald Trump, declaró este viernes que las fuerzas militares de su país ejecutaron uno de los ataques más potentes en la historia de Oriente Medio, centrado en la isla de Jark. Esta ubicación es crítica para la economía persa, ya que alberga la infraestructura que gestiona el 90 % de las exportaciones de crudo de Irán.
Según el mandatario, la operación logró destruir objetivos militares estratégicos, aunque aseguró que, por el momento, los tanques de almacenamiento y puntos de carga no fueron blanco directo de los misiles.
La isla de Jark, situada a unos 30 km de la costa iraní, es el corazón latente de su industria petrolera, con una capacidad de carga que puede alcanzar los 10 millones de barriles diarios.
Expertos militares como el exgeneral Mark Kimmitt señalan que la estrategia de Washington ha evolucionado de un ataque al régimen a un intento de «tomar como rehén» el motor económico del país para garantizar el libre tránsito por el estrecho de Ormuz.
No obstante, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) desmintió daños en la infraestructura petrolera y advirtió que cualquier ataque a sus recursos energéticos convertiría en «cenizas» las instalaciones de los aliados de EE. UU. en la región.
El impacto de esta escalada bélica ya se siente en los mercados globales: el precio del petróleo Brent cerró en 103.14 dólares por barril, acumulando un alza del 40 % desde el inicio del conflicto el pasado 28 de febrero.
Mientras Irán amenaza con abandonar toda moderación y castigar a los países del Golfo que faciliten acciones estadounidenses, la prensa económica europea advierte que la destrucción total de Jark provocaría un desastre logístico y un choque inflacionario mundial que afectaría incluso a la economía de Estados Unidos en pleno año electoral.










