Desde lejos, el vertedero de Tiltil parece una montaña árida más de Chile. Pero para los habitantes de un pueblo vecino convivir con el basural no solo significa olores nauseabundos y moscas, sino una creciente preocupación por su salud. Ubicado a unos 60 kilómetros al norte de Santiago, Tiltil cobró dimensión internacional tras un informe en abril del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) que lo identificó como el mayor emisor de metano de origen humano del mundo.
Desde hace unos 25 años, el vertedero recibe cerca del 60% de los desechos de la capital, o sea unas 18.000 toneladas al día. Al descomponerse los residuos generan metano, responsable de al menos una cuarta parte del calentamiento global, según los científicos. Con la ayuda de 35 satélites, se logró detectar desde el espacio que el sitio genera unas 100.000 toneladas de metano al año.
Una amenaza invisible
Los 17.000 habitantes de Tiltil conviven con el impacto del vertedero y el temor a los efectos de la contaminación. Patricio Velásquez, un jubilado de 68 años, describe un olor «que se parece al de los excrementos» y lamenta que en verano deben encerrarse para evitar las nubes de moscas. Aunque el metano no es considerado tóxico, expertos como Yuri Carvajal, del Colegio Médico de Chile, alertan que en altas concentraciones puede provocar «episodios de asfixia o dolores de cabeza».
La empresa KDM gestiona desde hace 20 años el basurero, pero no es el único vecino incómodo; también hay medio centenar de industrias en la zona, incluyendo cementeras y relaves mineros. «Es un caso de injusticia ambiental», afirma Caroline Stamm, profesora de la Universidad Católica de Santiago.
Gestión de residuos y realidad local
Las autoridades de Tiltil reconocen tener poco margen de maniobra. «Como municipio no tenemos la facultad legal de prohibir arbitrariamente la instalación de nuevas empresas», explica la concejala Nelda Gil. Por su parte, Chile produce en promedio 1,1 kilo de basura diaria por persona y recicla solo el 0,8%, una cifra inferior al promedio regional del 4%.
Raquel Cárcamo, pintora residente en la zona, resume el sentir de la comunidad afirmando que su pueblo se transformó con los años «en el basurero de Santiago». «No nos miran como pueblo. Para ellos somos una basura más», lamenta.







