Por: Lisbeiry Leng Valdez
Licenciada en Diplomacia y Servicios Internacionales.
Las tierras raras son un grupo de 17 elementos químicos indispensables para la fabricación de tecnologías avanzadas y se han convertido en uno de los recursos estratégicos más codiciados del mundo. En este escenario global, República Dominicana ha identificado cuatro elementos de alto valor, que reposan en la bauxita de la provincia de Pedernales: itrio, neodimio, lantano y gadolinio. Cuatro elementos que podrían cambiar el rumbo de la minería dominicana.
A pesar de encontrarnos en espera de más información sobre la cantidad existente y sobre qué tanto se puede extraer de este recurso, el presidente de República Dominicana, Sr. Luis Abinader, reveló que desde el año 2022, el país trabaja junto con el Gobierno de los Estados Unidos. Esta investigación está orientada a estudiar estos recursos. “A finales de este año sabremos cuántas son las reservas”, afirmó, durante la Cumbre Anual Concordia 2026, en Nueva York.
El presidente destacó también, que la calidad del material encontrado en territorio dominicano. “Es más puro el que hemos descubierto que los del sur de China, que son de muy buena calidad”. Este hallazgo coloca al país en una posición privilegiada frente al futuro energético, pero debemos tener en consideración que el país no cuenta con la disponibilidad de tecnologías para su desarrollo, especialmente para la refinación del recurso, y que su explotación a gran escala también podría generar un impacto negativo irreversible al medio ambiente.
En virtud de estos desafíos, la diplomacia cobra mayor importancia en su función de explorar las oportunidades que sean más seguras y que puedan generar mayores beneficios. Nuestro país debe poder aprovechar estos elementos y que su extracción pueda traducirse en la generación de tecnologías de alta gama, componentes ecológicos y equipos médicos avanzados.
En este contexto, los desafíos existentes no deben significar una paralización absoluta de su explotación; República Dominicana debe asumir las tierras raras como una oportunidad estratégica que trasciende su valor como recurso mineral. El país debe fortalecer una diplomacia orientada a obtener cooperación, transferencia tecnológica e intercambio de conocimientos que permitan desarrollar capacidades nacionales para su exploración, explotación y procesamiento.
El objetivo no debería limitarse a extraer y exportar materias primas, sino avanzar hacia la generación de valor agregado mediante la investigación, el desarrollo de tecnologías y la transformación de estos minerales en productos de mayor complejidad y valor comercial. Esto implica invertir en la formación y especialización del capital humano dominicano, promover alianzas entre el Estado, las universidades y el sector privado, y establecer mecanismos de cooperación internacional que faciliten el acceso a conocimiento, tecnología e infraestructura.
De esta manera, el país podría pasar de ser un simple proveedor de materias primas a participar activamente en las cadenas de valor asociadas a las tierras raras, incrementando su capacidad productiva, sus ingresos y su posicionamiento estratégico en un sector cada vez más relevante para la economía y la geopolítica mundial.




