El Servicio de Microbiología de la Clínica Universidad de Navarra ha publicado un estudio que ha descubierto que la sangre seca sirve para diagnosticar infecciones incluso 7 años después de haber tomado la muestra.
Este trabajo, recogido en la revista ‘Clinical Virology’, expone que la correcta conservación de estas muestras de sangre seca en papel (conocidas como DBS) es útil para la investigación, la salud pública y el control de epidemias. De hecho, estos hallazgos pueden ser especialmente relevantes para los biobancos y la seroepidemiología retrospectiva.
«El análisis nos ha permitido concluir que los DBS almacenados correctamente siguen siendo fiables incluso muchos años después de su obtención», ha manifestado el doctor Gabriel Reina, quien es microbiólogo en la Clínica Universidad de Navarra. A juicio de este facultativo, «es necesario asegurarse de que ese depósito se realiza en condiciones óptimas de frío que, generalmente, se suelen dar en laboratorios centrales».
Para este estudio, sus autores evaluaron la presencia de anticuerpos frente al VIH/sida en este muestrario, almacenaron el mismo a 80 grados bajo cero y lo analizaron de nuevo 7 años después para concluir que conserva su validez diagnóstica. En concreto, entre 2016 y 2017, se recogieron 143 muestras de sangre seca en el congoleño Hospital Monkole de Kinshasa.
Para cada paciente, se prepararon dos tarjetas de DBS. La primera se analizó en 2017 mediante tres ensayos serológicos: ECLIA (Roche), ELFA (bioMerieux) e inmunocromatografía (Geenius, BioRad). La segunda se almacenó a -80 °C hasta 2024, año en el que se volvió a estudiar con las mismas herramientas.
Sensibilidad y especificidad del 100%
Este trabajo muestra que la sensibilidad y especificidad para detectar esta infección fue del 100% en casi todos los casos y que hubo una altísima concordancia entre los resultados de 2017 y 2024.
A tenor de este trabajo, los investigadores han indicado que las muestras sirven para diagnosticar a una persona concreta y son muy útiles para vigilar cómo evoluciona una infección en la población, especialmente en aquellas en las que el sistema sanitario tiene menos medios. «La estabilidad de los anticuerpos y de los marcadores biológicos ha permanecido durante este periodo, por lo que hemos podido reanalizarlas con absoluta fiabilidad», concluyó Reina.










