Cuando «Constantine» llegó a la televisión en 2014, muchos pensaron que sería otra serie sobrenatural basada en la fórmula del «monstruo de la semana». Demonios, fantasmas, posesiones y criaturas infernales aparecían en cada episodio mientras una historia mayor avanzaba lentamente en segundo plano.
Sin embargo, bastaron pocos capítulos para demostrar que el verdadero atractivo de la producción nunca estuvo en los efectos especiales ni en las amenazas sobrenaturales, sino en la complejidad de su protagonista.
Basada en el personaje de DC Comics, creado originalmente para las páginas de «Swamp Thing» antes de protagonizar la histórica serie «Hellblazer», la adaptación supo capturar la esencia del famoso hechicero británico, aun trasladando gran parte de la historia desde Londres hacia distintos escenarios de Estados Unidos.
Matt Ryan nació para ser John Constantine
Hablar de «Constantine» es hablar inevitablemente de Matt Ryan.
Su interpretación se convirtió en el principal motivo por el que la serie continúa siendo recordada años después de su cancelación. Ryan entendió desde el primer episodio que John Constantine jamás debía convertirse en un héroe tradicional.
El personaje salva vidas, pero también manipula, engaña y utiliza cualquier recurso necesario para alcanzar sus objetivos. Es un exorcista, un mago y, al mismo tiempo, un estafador profesional que no duda en ocultar información incluso a sus propios aliados si considera que eso aumentará sus posibilidades de éxito.
La serie nunca intenta justificar esos defectos. Por el contrario, muestra a un hombre marcado por la culpa y perseguido por las consecuencias de sus propias decisiones, un conflicto que termina siendo mucho más interesante que cualquier enfrentamiento contra criaturas del infierno.
Mucho más que demonios y exorcismos
Aunque la historia desarrolla una amenaza conocida como la Oscuridad Creciente, el verdadero eje narrativo siempre es Constantine.
Cada caso sirve para profundizar en su personalidad y explicar por qué incluso quienes confían en él mantienen cierta distancia. En el universo de DC, pocos personajes generan tanta desconfianza entre héroes y hechiceros.
Todos reconocen su enorme talento, pero también saben que es capaz de romper cualquier plan si cree que existe una alternativa mejor.
Ese equilibrio entre inteligencia, cinismo y humanidad convierte a Constantine en uno de los antihéroes más completos que ha llevado DC a la pantalla.
La serie también se beneficia del sólido reparto que acompaña al protagonista. Chas Chandler representa la lealtad que Constantine rara vez expresa; Zed Martin aporta una dinámica fresca gracias a sus habilidades psíquicas; mientras que Manny, el ángel encargado de vigilarlo, introduce un interesante debate sobre el destino, el libre albedrío y la responsabilidad personal.
Una adaptación fiel a los cómics
Las comparaciones con la película «Constantine» (2005), protagonizada por Keanu Reeves, son inevitables.
Mientras aquella producción ofrecía una reinterpretación libre del personaje, la serie televisiva apostó por acercarse mucho más al espíritu de los cómics de «Hellblazer».
El sarcasmo, el acento británico, la tendencia a manipular a amigos y enemigos, así como el peso de las tragedias de su pasado, convierten a esta versión en la más cercana al Constantine que los lectores han seguido durante décadas.
Esa fidelidad fue reconocida por el propio DC, que mantuvo a Matt Ryan como el personaje en producciones posteriores como «Arrow», «Legends of Tomorrow» y varias películas y series animadas, consolidándolo como la versión definitiva del hechicero en televisión.
Una cancelación que aún duele
Uno de los mayores reproches hacia «Constantine» sigue siendo su cancelación tras una única temporada.
La serie deja claro que estaba diseñada para desarrollar su historia durante varios años y algunas de sus principales tramas quedaron abiertas.
Pese a ello, consigue ofrecer una experiencia muy satisfactoria. Aunque los efectos visuales reflejan las limitaciones presupuestarias de la televisión de aquella época, la ambientación oscura, la fotografía y el diseño de las criaturas construyen un universo sobrenatural convincente y lleno de personalidad.
Pero el mayor acierto nunca fueron los demonios.
Fue entender que el enemigo más difícil de John Constantine siempre ha sido él mismo.
Cada decisión que toma deja nuevas cicatrices, alimenta su culpa y pone en peligro a quienes intenta proteger. Sin embargo, continúa enfrentándose a fuerzas que nadie más puede detener, no porque sea un héroe perfecto, sino porque sabe que alguien debe hacerlo.
Quizá ahí reside la mayor virtud de «Constantine»: presentar a un protagonista profundamente imperfecto que lucha contra el mal sin esperar redención ni reconocimiento.
Y gracias a la extraordinaria interpretación de Matt Ryan, esa batalla sigue siendo, más de una década después, una de las mejores adaptaciones televisivas que ha realizado DC.
Calificación: ★★★★☆ (4.5/5)
«Constantine» combina una adaptación fiel al espíritu de Hellblazer, un protagonista extraordinariamente interpretado y una atmósfera sobrenatural que la convirtió en una serie de culto. Su única gran deuda fue no haber tenido el tiempo suficiente para desarrollar todo su potencial.




