La piel seca puede manifestarse con tirantez, aspereza, descamación o picazón. Aunque muchas veces es una molestia leve, también puede generar pequeñas grietas e irritación. La edad, el clima y los hábitos de higiene influyen en la capacidad de la piel para conservar humedad.
La Academia Estadounidense de Dermatología recomienda duchas breves con agua tibia en lugar de muy caliente. El calor intenso y el lavado excesivo pueden retirar parte de los lípidos que ayudan a mantener la barrera protectora de la piel.
Los productos de limpieza suaves y sin fragancia suelen ser mejor tolerados por personas con sequedad o sensibilidad. En áreas que no necesitan un lavado intenso, conviene evitar frotar repetidamente con esponjas ásperas.
Después del baño, lo recomendable es secar la piel con pequeños toques de toalla y aplicar una crema o ungüento hidratante mientras todavía conserva algo de humedad. Las fórmulas más espesas pueden resultar útiles en manos, codos y piernas muy resecas.
Las manos merecen atención especial porque el lavado frecuente y el contacto con detergentes pueden deteriorar la barrera cutánea. Aplicar crema después de lavarlas y usar guantes apropiados durante tareas domésticas ayuda a limitar la irritación.
Si aparecen fisuras dolorosas, enrojecimiento persistente, secreción o lesiones que no mejoran, conviene consultar a dermatología. No toda descamación se debe a simple resequedad: algunas afecciones necesitan tratamientos específicos.




