Aunque los nombres de este relato son ficticios, para guardar la identidad de los protagonistas, la historia es tan real como el 25% de niñas dominicanas menores de 18 años que a la fecha se mantienen en uniones tempranas, según datos de la Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (Enhogar) 2024, de la Oficina Nacional de Estadística (ONE).
Esto, al margen del Estado dominicano, que desde el 6 de enero de 2021 prohíbe el matrimonio infantil mediante la ley 1-21, manteniéndose las uniones tempranas como una práctica informal que afecta el debido desarrollo de las niñas.
«Si bien el matrimonio infantil está prohibido por ley, las uniones tempranas no formales continúan siendo una práctica social ampliamente tolerada, sobre la cual se requiere mayor sensibilización», explica Anyoli Sanabria, representante interina del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), en República Dominicana.
Esta tolerancia inicia desde el entorno familiar, con los padres, quienes deben proteger, apoyar la escolaridad y fortalecer la autoestima de sus hijos e hijas, acciones que reducen de manera significativa el riesgo de tener una unión antes de los 18 años.
El caso de Cintia inició con Luis tocando su puerta en un barrio del Distrito Nacional, en horas de la madrugada, donde pidió quedarse una noche tras una discusión en casa.
“Entonces hubo una vez que él tuvo un show con la mamá y llegó a mi casa tipo 2:00 de la mañana, me dijo que hablara con mami si él se podía quedar ahí, él se quedó esa noche y al otro día llevo todo y ahí se quedaba todos los días, ahí yo le empecé a coger asco”, relató.
La mamá de Cintia aceptó que Luis se quedara por al menos cuatro meses, y sin saberlo, Cintia ya estaba en una unión temprana consentida por sus padres. La joven intentaba terminar la relación, pero él la manipulaba con amenazas.
Esta manipulación descrita por Cintia era el reflejo de violencia psicológica ejercida por Luis sobre ella, debido a una relación desigual de poder, asociada a la diferencia de edad entre ambos.
«Cuando una adolescente se encuentra en una unión con una persona de mayor edad, existe una alta probabilidad de que experimente violencia física, sexual psicológica o económica, debido a relaciones desiguales de poder asociada a la diferencia de edad», destacó la representante de Unicef.
Esta violencia también se manifestaba en los celos y limitaciones para salir con sus amigas o sus primas, a quien debía pedirle permiso. Aunque Cintia concluyó esta relación que terminó con una querella y orden de alejamiento a Luis, ella ahora estudia y orienta a otras adolescentes.
La ley No. 1-21, que eliminó la posibilidad de matrimonios de personas menores de 18 años, representó un avance significativo. Sin embargo, persiste el desafío de las uniones tempranas no formales.
La ley generó un aumento de conciencia social e institucional, sin embargo, sigue prevalente, de manera particular, en zonas rurales, con un 40%, registrándose la mayoría de casos en el Cibao Nordeste (35%), Enriquillo (36%) y El Valle (38%), según la ONE.
De igual forma, afecta a adolescentes sin acceso a educación (50%), con primaria incompleta (46%) y que viven en hogares en situación de pobreza (46% en el quintil más bajo).
Algunas de las causas frecuentes para la ocurrencia de este flagelo, son la pobreza, necesidades económicas, el embarazo adolescente, desigualdad de género y normas sociales, baja escolaridad y acceso limitado a oportunidades, así como vacíos en los sistemas de protección.
Consecuencias y prevención
Anyoli Sanabria destacó que dentro de las principales consecuencias de unirse en pareja temprano está precisamente la interrupción escolar, embarazos precoces y mayores riesgos obstétricos.
Asociado a riesgos obstétricos, la ginecóloga Caridad Félix, señaló que las adolescentes son quienes se ven más expuestas a muerte materna, puesto que su organismo, aún no está preparado para concebir.
En el camino de la prevención, tanto la familia desde su rol de protectores, como la escuela ofreciendo educación sexual integral, y la comunidad con mecanismos de protección colectiva, juegan un papel fundamental.
A fin de prevenir las uniones tempranas, el gobierno trabaja en la Política de prevención y atención a las uniones tempranas y el embarazo en adolescentes (PPA), una macroestrategia en la que participan 18 entidades gubernamentales y siete organizaciones.
El Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (Conani), en su condición de coordinador del Gabinete de Niñez y Adolescencia (GANA), desarrolla políticas y estrategias como “Habilidades para la vida”, “Animación sociocultural” y la “Crianza positiva”.









