La Haya, 8 dic (EFE).- Menores de apenas 12 años, captados en videojuegos, redes sociales y chats encriptados, usados por redes criminales europeas para ejecutar intimidaciones, ajustes de cuentas e incluso intentos de asesinato: es la nueva forma de violencia por encargo que se extiende silenciosamente por Europa, y que salpica a países como España, Alemania y Francia.
Las redes criminales han encontrado en los menores – chicos que todavía están en el colegio, muchos sin antecedentes y sin contacto previo con el mundo delictivo – una herramienta barata, moldeable y que dificulta el rastreo policial. “Buscan aprobación, sentido de pertenencia, y a esa edad en la que no se sienten muy seguros de sí mismos, son muy fáciles de manipular”, explica a EFE Jean-Philippe Lecouffe, subdirector de Operaciones de Europol.
Señala que se trata de un fenómeno nuevo y «en expansión», y describe un proceso de captación que empieza en plataformas donde los adultos rara vez miran: videojuegos de disparos, redes sociales de mensajería rápida y canales cifrados imposibles de supervisar.
Muchas veces, estos jóvenes, usados como intermediarios desechables, ni siquiera reciben grandes sumas de dinero: en algunos casos basta una pequeña compensación – una PlayStation, unas zapatillas – o simplemente la validación del grupo, pero en otros, las redes les prometen dinero fácil y una supuesta notoriedad.
Para hacer frente a esta forma de “violencia como servicio”, Europol creó en abril la Fuerza Operativa Operacional GRIMM, que reúne a investigadores de once países y ha permitido en sus primeros seis meses 193 detenciones vinculadas a asesinatos por encargo, intentos fallidos y tramas de captación. Entre los arrestados hay 63 autores materiales, 84 reclutadores, 40 facilitadores logísticos e incluso 6 instigadores, cinco de ellos capos del crimen organizado.
Este dato, hecho público este lunes por Europol, también muestra que los casos se multiplican y revela un patrón transfronterizo en el que la movilidad es clave: se recluta en un país, se ejecuta el crimen en otro y el autor debe fugarse inmediata a un tercero.
El fenómeno, inicialmente localizado en Suecia, se ha extendido por todo el continente y GRIMM agrupa hoy a Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Islandia, Países Bajos, Noruega, España, Suecia y Reino Unido.
En España, seis sospechosos – uno de ellos menor – fueron detenidos en julio por preparar un asesinato, con armas de fuego ya listas para su uso. En Países Bajos, un triple homicidio de marzo condujo después a la captura de tres jóvenes en Suecia y Alemania.
Lecouffe insiste en que los criminales recurren a adolescentes por su vulnerabilidad emocional, la facilidad para presionarlos y la mayor dificultad legal para perseguirlos. “Es escalofriante, pero la edad más baja que hemos visto, y que vemos cada vez más, es 12 años. Muy joven”, afirmó.
También señala que detrás de la mayoría de estos encargos está principalmente el narcotráfico: disputas por territorios, cadenas de suministro o cantidades de droga entre grupos rivales que se intentan resolver a través de intermediarios menores para reducir el riesgo para sus propios miembros. “Quieren que sea casi imposible remontar la cadena hacia arriba”, afirma.
Europol subraya que Europa aún está en una fase “temprana” de este fenómeno, y advierte de que la falta de conciencia pública y la proliferación de plataformas cifradas dejan un gran espacio donde la captación puede prosperar sin control. “No podemos ver qué ocurre en esas redes, ni siquiera los padres pueden ver qué hacen sus hijos. Eso es muy preocupante”, sentenció Lecouffe.
La agencia europea, con sede en La Haya, prevé reforzar el intercambio de inteligencia entre países y llama a una cooperación mucho más estrecha con empresas tecnológicas. La respuesta, insiste el subdirector de Operaciones, no puede limitarse a la policía: escuelas, servicios sociales, comunidades locales y familias deben formar parte del sistema de alerta temprana.









