He visto al doctor Félix Antonio Cruz Jiminián en su clínica, en Cristo Rey, rodeado de gente que llega con la urgencia del dolor y la esperanza puesta en sus manos. No hay horarios para él.
Lo he visto caminar por los pasillos, detenerse a escuchar, ofrecer una palabra antes que un diagnóstico. He sido testigo de su entrega. Lo he visto regalar medicamentos, aliviar angustias, devolver la fe. Por eso me indigna y me duele ver cómo algunos medios digitales publican sin ética, buscando “viú” y seguidores a costa de la honra ajena.
Una extensión del corazón
Hoy se habla mucho, y se verifica poco. En este tiempo de inmediatez y escándalo programado, parece que la verdad se mide en clics y no en hechos. Pero quienes conocemos de cerca la obra del doctor Cruz Jiminián sabemos que su vida no necesita defensas improvisadas.
La suya ha sido una historia de labor constante, de sacrificio silencioso, de compromiso con los más humildes. Su clínica es una extensión de su corazón, un espacio donde el sufrimiento ajeno se hace responsabilidad propia.
Sin hora ni protocolo
Recuerdo una ocasión: una joven llegó con una infección grave y sin recursos. Bastó una llamada a Ada Guzmán, su mano derecha, y en minutos el doctor estaba ahí, atendiendo él mismo el caso, sin importar la hora ni el protocolo. Esa escena resume lo que él es: un hombre que no calcula, que actúa desde la compasión.
Ética de servicio
Hablar del “Ángel del Pueblo” es hablar de una ética de servicio. No hay show ni pose en su entrega. Quien lo conoce sabe que vive con la serenidad de quien encuentra en el otro su razón de ser. Por eso resulta tan injusto que la frivolidad digital pretenda empañar una trayectoria construida a fuerza de humanidad.
Que no se detenga su obra
Decía Terencio: “Soy humano, nada de lo humano me es ajeno.” Esa frase, tan antigua como vigente, parece escrita para hombres como Cruz Jiminián, porque en él habita lo más noble de la condición humana: la capacidad de servir sin esperar recompensas.
Y es ahí, en esa ternura firme y en esa cotidianidad, donde se mide la verdadera grandeza. Dr. Cruz Jiminián, que Dios derrame muchas bendiciones sobre usted para que siga con esa obra de entrega desinteresada para los más necesitados.










