BUÑOL, ESPAÑA.— El tradicional festival de la Tomatina se llevó a cabo este miércoles en la localidad de Buñol, Valencia, donde más de 22,000 personas se enfrascaron en una guerra festiva de tomates. Esta edición, que celebra su 78º aniversario, sirvió como una «terapia colectiva» tras las devastadoras inundaciones que afectaron la provincia en octubre pasado.
Un total de 120 toneladas de tomates (cultivados específicamente para este evento y no aptos para el consumo) se convirtieron en proyectiles que tiñeron de rojo las calles y fachadas del centro del pueblo en cuestión de minutos. El festival, declarado de Interés Turístico Internacional, atrajo a asistentes y medios de comunicación de todo el mundo.
Una «barbarie controlada» con un mensaje político
Desde 2013, el aforo de la Tomatina está limitado y los controles de acceso se han reforzado para garantizar una experiencia más segura y organizada. La batalla, que dura exactamente una hora, es un espectáculo de caos controlado. A pesar de los gritos y la acidez de los tomates, la fiesta se desarrolló sin incidentes mayores.

Este año, la Tomatina también tuvo un matiz político. Numerosos participantes exhibieron banderas palestinas en apoyo a Gaza y en protesta contra la intervención militar israelí. Esta acción fue promovida por el partido de izquierda Esquerra Unida, que ha tenido una fuerte presencia en la política local de Buñol.
Al concluir la batalla, una eficiente operación de limpieza se activó para restaurar las calles, mientras los asistentes buscaban desesperadamente duchas o mangueras para quitarse los restos de tomate y celebrar la «supervivencia» de un festival que, una vez más, dará la vuelta al mundo.





