SANTO DOMINGO.– En una de las áreas recreativas del Acuario Nacional, frente al mar Caribe, un joven pelícano se ha convertido en un paciente especial para veterinarios y colaboradores. Su nombre es Marinero y, después de casi un año de rehabilitación, se prepara para volver a la vida silvestre.
El ave fue encontrada cuando apenas comenzaba a desarrollar su plumaje en instalaciones de la Armada Dominicana, conocidas popularmente como La Marina. De ese lugar surgió el nombre con el que hoy lo identifican sus cuidadores.
“Fue hallado cuando apenas empezaba a emplumar”, explicó Jazmín León, encargada de la clínica veterinaria y manejo de nutrición del Acuario Nacional.
Según la especialista, el pelícano permaneció aproximadamente dos días sin poder volar ni alimentarse y llegó deshidratado. La principal hipótesis es que habría caído de su nido.
Casi un año de rehabilitación
Marinero pertenece al denominado pelícano pardo del Caribe (Pelecanus occidentalis occidentalis), ave costera presente en la región.
Desde su llegada fue sometido a los protocolos veterinarios correspondientes, comenzando por su hidratación y posteriormente un proceso de alimentación, observación y recuperación.
Durante su permanencia en el Acuario Nacional, aprendió a cazar y volar, comportamientos fundamentales para que pueda desenvolverse de manera independiente cuando regrese a su hábitat.
Los animales en rehabilitación son sometidos periódicamente a evaluaciones para determinar su evolución. En el caso de Marinero se realizan pruebas como coprológicos y hemogramas.
El Acuario Nacional explicó que su labor con animales silvestres comprende tres etapas fundamentales: rescate, rehabilitación y liberación.
De acuerdo con la experiencia reportada por la institución, en los últimos años han sido liberados entre 10 y 15 pelícanos rehabilitados.
Plásticos y contaminación amenazan a las aves
La historia de Marinero también sirve para llamar la atención sobre los riesgos que enfrentan las aves costeras.
Entre las amenazas señaladas por los especialistas figuran la contaminación marina, los plásticos, anzuelos y otros residuos, la degradación de los hábitats y la reducción de fuentes de alimentación.
León explicó que desde el aire un pelícano puede confundir determinados desperdicios flotantes con posibles presas.
“Quieren comer hasta un plástico que está en el mar porque lo ven desde arriba y no saben distinguir si es un pez o es una basura”, explicó.
La contaminación lumínica constituye otro riesgo, ya que puede desorientar a determinadas aves y aumentar la posibilidad de colisiones.
El Acuario ha recibido anteriormente pelícanos con lesiones provocadas por anzuelos y heridas en sus alas. No todos han logrado sobrevivir.
Un experto pescador del Caribe
El pelícano pardo se alimenta principalmente de peces. Desde el aire localiza a sus presas y se lanza al agua para capturarlas, utilizando la característica bolsa de su pico como parte de su técnica de pesca.
Marinero recibe sardinas bajo controles de alimentación mientras completa su rehabilitación.
Aunque ya ha realizado vuelos, todavía permanece en las proximidades del Acuario. El ejemplar puede ser reconocido mediante pequeñas identificaciones colocadas en sus patas, utilizadas por sus cuidadores para facilitar su reconocimiento.
Veterinarios y trabajadores esperan ahora el momento en que Marinero alce definitivamente el vuelo y regrese a su ambiente natural.
Su historia cobra especial relevancia este 6 de septiembre, Día Mundial de las Aves Playeras, fecha dedicada a promover el conocimiento, monitoreo y conservación de estas especies y de los ecosistemas de los que dependen.




