La derechista Laura Fernández fue elegida presidenta de Costa Rica al arrasar en las elecciones del domingo con su promesa de mano dura contra el narcotráfico, en este país que por años fue considerado uno de los más seguros del continente. Fernández, politóloga de 39 años, obtuvo el 48,3% de los votos, ocho puntos más de los necesarios para ganar en primera vuelta, según el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).
Sus propuestas sobre seguridad y para reformar los poderes del Estado son vistas por opositores como parte de un plan para concentrar el poder al estilo de Nayib Bukele, primer mandatario en felicitarla. No obstante, en su discurso de victoria, la futura mandataria sostuvo que «nunca» permitirá el «autoritarismo», aunque atacó duramente a la prensa, siguiendo la línea de su mentor, el presidente Rodrigo Chaves.
Modelo Bukele Fernández, quien asumirá el 8 de mayo, propone copiar parte de la guerra contra las pandillas de Bukele y reformar el poder judicial. El plan incluye terminar la construcción de una cárcel de máxima seguridad, aumentar las penas e imponer estados de excepción en zonas conflictivas.
Actualmente, la tasa de asesinatos en el país alcanzó un récord de 17 por 100.000 habitantes, con un 70% de los homicidios ligados al narcotráfico.
Temor al autoritarismo Fernández será la segunda mujer en gobernar el país, tras Laura Chinchilla, quien advirtió que las mayorías electorales no deben silenciar a las minorías. Críticos y expresidentes como Óscar Arias han señalado riesgos de populismo y posibles intentos de reforma constitucional. Pese a que la pobreza bajó al 15,2% en 2025, el país sigue siendo uno de los más desiguales y costosos de la región.










