Mbabane, Esuatini– El Centro Correccional de Matsapha, una prisión de alta seguridad con una temida reputación en el pequeño reino de Esuatini (la última monarquía absoluta de África), ha adquirido una nueva y preocupante función: alberga a 14 hombres deportados de Estados Unidos como parte de la campaña antimigrante del presidente Donald Trump.
Esuatini accedió a recibir hasta 160 deportados de EE. UU. a cambio de 5.1 millones de dólares destinados a reforzar sus sistemas fronterizos y migratorios, según un acuerdo al que tuvo acceso AFP.
Durante décadas, Matsapha fue utilizada para silenciar a críticos y activistas prodemocráticos. Ahora, según abogados, los deportados están siendo retenidos sin cargos, sin acceso a asesoramiento legal y en condiciones de «jungla», como describió un exrecluso.
Los primeros cinco deportados llegaron en julio (uno fue repatriado a Jamaica) y otros diez llegaron en octubre.
Washington los tildó de «monstruos depravados» condenados por delitos graves, si bien sus abogados afirman que ya habían cumplido sus sentencias en EE. UU.
Los deportados se encuentran en nuevos bloques financiados por el acuerdo con Washington. A diferencia de las celdas antiguas, estas cuentan con baños individuales y televisores, con paredes transparentes para vigilancia constante.
En octubre, la cárcel albergaba a más de 1,560 reclusos, y el rey Mswati III ordenó liberaciones anticipadas para aliviar el hacinamiento.
El caso del cubano en huelga de hambre
Entre los detenidos se encuentra el cubano Roberto Mosquera del Peral, arrestado en Florida en julio.
Su abogada en EE. UU., Alma David, confirmó que Mosquera inició una huelga de hambre indefinida el 15 de octubre y juró no comer hasta que regrese a su país natal.
Tres fuentes de la prisión indicaron a AFP que Mosquera fue trasladado a un hospital, pero regresó y continúa negándose a comer.
Un exdetenido que pasó dos décadas en Matsapha la describió como un lugar que no desearía «ni a [su] peor enemigo».





