Por: Osvaldo Reyes
La reciente agenda de trabajo agotada por el presidente Luis Abinader en los Emiratos Árabes Unidos no debe leerse simplemente como un ejercicio de diplomacia internacional, sino como una operación de cálculo estratégico para el futuro económico dominicano.
Tras concluir su participación en el World Governments Summit 2026 y sostener una audiencia con el príncipe heredero de Abu Dabi, Khaled bin Mohamed bin Zayed, los números que regresan en la maleta presidencial cuentan una historia de ambición y pragmatismo.
El dato más contundente es, sin duda, la intención de DP World de movilizar una inversión superior a los US$760 millones. Para ponerlo en perspectiva, no se trata solo de cemento y varilla en el puerto de Boca Chica; se trata de la construcción de un ecosistema logístico integrado que busca replicar el exitoso modelo de JAFZA en Dubái. La visión es clara: convertir a la República Dominicana en el primer hub logístico plenamente integrado de las Américas.
Los tres pilares de la jornada:
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Inversión Extranjera Directa: Los acuerdos para ampliar la terminal portuaria y la Zona Económica prometen elevar la capacidad operativa a 3.1 millones de TEUs, lo que posiciona al país como un competidor serio en el comercio global.
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Diplomacia Comercial: Las reuniones bilaterales con los presidentes de Ecuador y Paraguay refuerzan sectores tradicionales como el agropecuario y el turismo, diversificando las alianzas estratégicas más allá de los socios habituales.
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Capital Humano: El enfoque en acuerdos que impacten positivamente a la juventud dominicana sugiere que el crecimiento económico planeado busca ser inclusivo, preparando a la próxima generación para las demandas de una economía de servicios avanzados.
Al final, como bien se ha debatido en otros contextos, la aritmética no miente. Cuando un Estado logra atraer capitales de esta magnitud y establecer diálogos al más alto nivel con potencias tecnológicas y logísticas como los Emiratos, la estructura misma del país comienza a transformarse.
El éxito de estos logros no se medirá por los 25 minutos de una audiencia real, sino por la trazabilidad de cada dólar invertido y la capacidad de convertir esos convenios en empleos reales y bienestar para la gente.
La apuesta está sobre la mesa: una República Dominicana conectada, eficiente y, sobre todo, atractiva para el capital de clase mundial.










