La situación de violencia y el colapso del sistema de salud en Haití han forzado a miles de mujeres embarazadas a buscar refugio y atención médica en la vecina República Dominicana. La falta de hospitales funcionales, la escasez de medicamentos y la inseguridad han convertido el parto en una cuestión de vida o muerte para muchas.
Según un reciente informe de la ONU, algunas de estas mujeres son víctimas de violaciones colectivas a manos de las bandas armadas que controlan Puerto Príncipe. La realidad es cruda: madres como Cherline Mondesire, quien dio a luz en un campamento insalubre, luchan por alimentar a sus bebés y no tienen acceso a servicios de salud básicos.
¿Por qué las embarazadas haitianas vienen a la República Dominicana?
La respuesta es la búsqueda de supervivencia. Mientras que en Haití el sistema de salud está prácticamente mermado, el sistema de salud público dominicano ofrece una red de hospitales y clínicas que, por ley, deben brindar atención médica de emergencia a cualquier persona, sin importar su estatus migratorio.
Esta disparidad en la calidad de la atención ha generado un fenómeno de «turismo de parto», donde las mujeres cruzan la frontera para recibir una atención que su propio país no puede garantizar. A menudo, el costo de un parto asistido en Haití es prohibitivo para la mayoría, mientras que en los hospitales públicos dominicanos el servicio es gratuito.
Un panorama complejo y lleno de riesgos
A pesar de que los hospitales dominicanos ofrecen un alivio crucial, la situación es precaria. El mismo informe de la ONU ha expresado su preocupación por los casos de mujeres embarazadas y nuevas madres deportadas a Haití desde la República Dominicana. Este riesgo constante de deportación crea un dilema humanitario, donde la búsqueda de vida en un lado de la frontera puede terminar en la expulsión hacia la misma crisis de la que huyeron.
Este flujo de pacientes ha generado un debate en la sociedad dominicana sobre el uso de recursos públicos y la política migratoria. Para las mujeres haitianas, sin embargo, la decisión de cruzar la frontera no es política, sino una simple cuestión de vida o muerte.
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