LEVITTOWN, PENSILVANIA. — La guerra del presidente Donald Trump contra Irán está pasando factura entre los votantes independientes de Estados Unidos, un sector que suele definir las elecciones en estados péndulo. En Pensilvania, el ambiente en los restaurantes y talleres es una mezcla de ira, confusión y preocupación por el futuro económico del país.
«Trump nos está hundiendo en otra situación similar a Irak o Vietnam», afirmó Jolene Lloyd, una empleada postal jubilada de 65 años.
Aunque anteriormente ha dividido su voto entre ambos partidos, este año asegura que solo apoyará a los demócratas en las elecciones de medio término de noviembre.
El control del Congreso en juego Los republicanos mantienen un control estrecho del Congreso, y cualquier fuga de votos podría entregar la mayoría a los demócratas. Esto determinará si Trump podrá gobernar con un legislativo cooperativo o si enfrentará investigaciones y bloqueos constantes.
El costo de la vida es la mayor preocupación. «Los precios de la gasolina se están disparando… es un desastre total», señaló Lloyd.
Según una encuesta reciente de la Universidad de Quinnipiac, los votantes independientes se oponen a la acción militar contra Irán en un 60% frente a un 31%.
Opiniones divididas en la clase obrera En Levittown, a las afueras de Filadelfia, la división es evidente:
Vince Lucisano (42 años, soldador): Votó por Trump en 2024 y apoya «poner a Irán en su lugar», siempre que no se envíen tropas terrestres. Sin embargo, critica el gasto: «El tipo que se postuló con ‘Estados Unidos Primero’ está arrojando miles de millones al extranjero».
Bobby Marozzi (37 años, empleado de cafetería): Admira la determinación de Trump para frenar el programa nuclear iraní. «Si tenemos que sacrificar precios altos de gasolina y comida por un futuro mejor, lo compro al 100%».
Falta de claridad en el mensaje
El sondeo de Quinnipiac reveló que el 71% de los independientes considera que la administración Trump no ha dado una explicación clara sobre los motivos de la intervención. Christopher Borick, analista político en Pensilvania, advierte que esta falta de mensaje, sumada al impacto en el costo de vida, coloca a los republicanos en una posición «tediosa» frente al electorado moderado.
Para votantes como Jolene Lloyd, el mensaje es simple y tajante: «Tenemos que parar». El resultado de noviembre dirá si el resto del país piensa igual.










